AGENCIA
Ciudad de México.- Petróleos Mexicanos (Pemex) continuará dependiendo del rescate financiero del gobierno federal al menos hasta 2028, según el más reciente análisis de Moody’s Ratings, una advertencia que vuelve a exhibir la fragilidad estructural de la empresa más endeudada del mundo y el enorme costo que representa para las finanzas públicas del país.
Aunque la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum mantiene el respaldo total a la petrolera, la realidad financiera y operativa de Pemex sigue marcada por deuda, baja producción, pérdidas en refinación y una creciente dependencia del dinero público para sobrevivir.
La calificadora Moody’s ratificó la nota crediticia de Pemex en B1 con perspectiva estable, no porque la empresa haya mejorado de fondo, sino porque asume que el gobierno mexicano seguirá inyectando miles de millones de dólares para evitar un colapso financiero.
El diagnóstico es contundente: Pemex no se sostiene por sí sola
De acuerdo con el análisis retomado por El Universal, el gobierno federal destinó durante 2025 más de 40 mil millones de dólares para cubrir deuda, pagar proveedores, enfrentar vencimientos y mantener liquidez. Además, el presupuesto de 2026 contempla otros 14 mil millones de dólares para cubrir compromisos inmediatos.
Mientras hospitales, carreteras, seguridad y programas sociales enfrentan limitaciones presupuestales, Pemex continúa absorbiendo recursos públicos multimillonarios sin lograr resolver sus problemas estructurales.
Moody’s advirtió que el apoyo gubernamental ayuda a evitar un colapso, pero no corrige las fallas de origen: baja rentabilidad, caída natural de campos petroleros, refinación poco eficiente y una operación que sigue sin generar suficiente flujo de efectivo.
La petrolera continúa atrapada en un círculo vicioso: Pide deuda para pagar deuda
El propio reporte señala que Pemex requerirá inversiones promedio de 11 mil millones de dólares anuales entre 2026 y 2028, mientras sus necesidades financieras podrían rondar los 14 mil 900 millones de dólares por año. A pesar de ello, buena parte de sus ingresos se consumen en cubrir vencimientos y mantener operaciones básicas.
Uno de los puntos más delicados es la producción petrolera. Moody’s explicó que cerca del 80 por ciento del crudo que extrae Pemex proviene de campos maduros como Maloob, Zaap, Quesqui y Tupilco Profundo, yacimientos que presentan declinación natural acelerada.
En otras palabras, Pemex necesita invertir constantemente enormes cantidades de dinero solo para evitar que la producción siga cayendo.
La calificadora dejó claro que la aparente estabilidad de producción registrada en 2026 no representa una recuperación real, sino apenas un respiro temporal sostenido por más perforaciones, mantenimiento y gasto incremental.
A ello se suma el problema de refinación. Las refinerías de Pemex continúan operando con baja rentabilidad debido a restricciones estructurales y decisiones de política pública que privilegian el control de precios internos sobre la rentabilidad empresarial.
Según Moody’s, los subsidios implícitos rondan los 4.6 pesos por litro de diésel y 3.3 pesos por litro de gasolina, una estrategia que ayuda a contener el impacto político del precio de combustibles, pero que reduce aún más el margen financiero de la petrolera.
Incluso el aumento internacional del petróleo derivado de tensiones geopolíticas beneficia poco a Pemex, ya que México exporta menos crudo y destina mayor producción al mercado interno.
La presión sobre las finanzas públicas también comienza a reflejarse en la percepción internacional. Moody’s rebajó recientemente la calificación soberana de México a Baa3, el último nivel dentro del grado de inversión, señalando entre las causas el peso financiero que representa Pemex para el gobierno federal.
El mensaje de la calificadora es claro: El respaldo político existe, pero la viabilidad financiera sigue en duda
Aunque el gobierno insiste en presentar a Pemex como símbolo de soberanía energética, los números muestran una empresa sostenida artificialmente con recursos públicos, atrapada entre deuda creciente, baja producción y una estructura operativa que no logra modernizarse.
La gran interrogante no es si el gobierno seguirá rescatando a Pemex, sino cuánto tiempo más podrá hacerlo sin comprometer aún más las finanzas nacionales.
Por ahora, Moody’s considera que el respaldo continuará. Sin embargo, también advierte que si la producción sigue deteriorándose o el apoyo federal pierde fuerza, las presiones financieras y crediticias podrían agravarse todavía más.
Pemex sigue siendo estratégica para México, pero también se ha convertido en uno de los mayores riesgos económicos del país: Una empresa que consume miles de millones de pesos públicos mientras continúa sin resolver los problemas que la mantienen al borde de la crisis permanente.
