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Agencias

Washington.– El Pentágono habría utilizado una aeronave secreta con apariencia civil en el primer ataque contra una embarcación que, según la administración del presidente Donald Trump, transportaba drogas en aguas internacionales del Caribe, cerca de Venezuela, informó el diario The New York Times citando a funcionarios bajo condición de anonimato.

El ataque, ocurrido el 2 de septiembre de 2025 como parte de la operación militar denominada “Lanza del Sur”, causó la muerte de 11 personas, y es parte de una serie de más de 35 intervenciones similares contra embarcaciones que las autoridades estadounidenses atribuyen al narcotráfico.

Según el periódico, la aeronave utilizada no llevaba armamento visible bajo las alas y ocultaba sus municiones dentro del fuselaje, además de no presentar ningún tipo de señalización militar, lo que le daba la apariencia de un avión civil. Imágenes de vigilancia muestran que la nave descendió a baja altura sobre la embarcación y que ésta intentó regresar hacia Venezuela tras avistarla, antes de ser atacada.

El ataque ha generado críticas y cuestionamientos sobre la legalidad y ética de emplear un avión disfrazado de civil para realizar un bombardeo, ya que el uso deliberado de ese tipo de engaño podría —según expertos en derecho internacional— constituir un crimen de guerra conocido como “perfidia” si se intenta engañar a los adversarios haciéndoles creer que un actor no militar está actuando, lo cual está prohibido por las normas de los conflictos armados.

Este primer ataque letal fue seguido por una táctica similar en la que dos sobrevivientes —reportados por el Times como personas que parecieron saludar a la aeronave desde restos de la embarcación volcada— murieron en un segundo ataque que también hundió la nave, intensificando aún más las críticas sobre las tácticas empleadas.

Desde entonces, el Ejército estadounidense ha optado por utilizar aeronaves claramente identificables como drones MQ-9 Reaper y otros aviones con señalización militar para operaciones posteriores.

La controversia llega en un momento de tensiones regionales ampliadas, tras el despliegue militar estadounidense cerca de Venezuela y la capturada del presidente venezolano Nicolás Maduro en enero de 2026, lo que ha puesto bajo escrutinio las estrategias de seguridad y las relaciones entre Washington y los países de la región.

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