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AGENCIA

EEUU.- Tras el ataque militar de Washington que derivó en la detención del presidente venezolano, Nicolás Maduro, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reiterado su intención de que las grandes petroleras estadounidenses retomen la extracción de crudo en Venezuela. Sin embargo, dentro de la industria energética el panorama es de cautela y escepticismo, lejos del optimismo expresado desde la Casa Blanca.

Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, con alrededor de 303 mil millones de barriles, equivalentes al 17 por ciento (%) del total global. La mayor parte de estos recursos se localiza en la Faja del Orinoco, compuesta principalmente por crudo extrapesado, cuya explotación requiere tecnología avanzada y elevados niveles de inversión.

Durante la década de los noventa, el país sudamericano llegó a producir cerca de 3.5 millones de barriles diarios. Actualmente, la producción apenas ronda el millón de barriles por día, como resultado de años de sanciones internacionales, mala gestión gubernamental y el deterioro estructural de la industria petrolera.

De acuerdo con estimaciones del sector energético, recuperar los niveles de producción del pasado implicaría inversiones de entre 8 mil y 9 mil millones de dólares anuales durante al menos los próximos 14 años. Especialistas señalan que el horizonte de recuperación no se mide en años, sino en décadas, lo que reduce el atractivo inmediato para los inversionistas.

Chevron es actualmente la única petrolera estadounidense con operaciones en Venezuela. Sus empresas mixtas aportan cerca del 27% de la producción nacional, unos 242 mil barriles diarios. Aun con esta participación, Venezuela representa menos del uno por ciento del suministro mundial de petróleo, lo que limita su impacto en el mercado global.

Analistas coinciden en que un aumento moderado de la producción venezolana en el corto plazo tendría un efecto mínimo en los precios internacionales del crudo, especialmente en un contexto en el que el barril se mantiene en niveles bajos, cercanos a los 69 dólares, su promedio más bajo desde 2020.

La incertidumbre política, el antecedente de nacionalizaciones impulsadas durante el gobierno de Hugo Chávez y la necesidad de grandes desembolsos de capital mantienen a compañías como ExxonMobil y ConocoPhillips al margen de cualquier regreso al país sudamericano. Incluso antes de la intervención estadounidense y la caída de Maduro, las petroleras ya habían manifestado a la Casa Blanca su falta de interés en invertir en Venezuela.

En paralelo, la producción petrolera en Estados Unidos se encuentra en niveles históricamente altos, entre 13.5 y 13.9 millones de barriles diarios, aunque el crecimiento se ha desacelerado debido a la reducción en la perforación, los bajos precios del crudo y el impacto de los aranceles.

Desde el sector energético estadounidense, algunas voces advierten que la insistencia del gobierno de Trump en impulsar inversiones en Venezuela podría enviar un mensaje negativo a los productores nacionales, al priorizar proyectos en el extranjero en un momento de presiones para la industria interna.

Así, mientras el discurso político apuesta por un regreso de las petroleras a Venezuela, la realidad del mercado, los riesgos políticos y el contexto económico global mantienen a las grandes compañías a la expectativa.

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