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Adriana Estrada

El Buen Tono

REGIÓN.- Mientras el cambio climático acecha con plagas más agresivas, la batalla por recuperar el espesor verde del Parque Nacional Pico de Orizaba se libra con una paciencia que desafía la inmediatez de la crisis ambiental. Actualmente se labora en la intervención y rescate de más de 500 hectáreas de bosque de coníferas, un proceso de cicatrización ecológica que, lejos del reflector mediático, demanda años de trabajo silencioso antes de mostrar signos visibles de victoria.

Así lo advirtió el ambientalista Martín Moreno Rojas, quien subrayó que el éxito de esta empresa no depende exclusivamente de plantar árboles, sino de tejer una compleja red de acuerdos sociales en las faldas del coloso, así mismo reconoció que la percepción ciudadana suele chocar con la realidad biológica, pues el crecimiento de un pino es una obra de largo aliento, lo que a veces provoca escepticismo sobre la efectividad de las labores de reforestación.

Refirió que el enemigo ahora es microscópico y atmosférico, pues existe un avance implacable del descortezador y hongos patógenos, cuya presencia se ha disparado por las alteraciones en los patrones climáticos, y a este problema se le suman otras presiones internas, que son los incendios forestales y la persistencia de ganadería extensiva dentro de los límites del área natural protegida.

El ambientalista hizo un llamado enérgico a evitar la estigmatización de los habitantes de la zona, e insistió en que muchas familias dependen de estas actividades económicas para subsistir, por lo que la estrategia de conservación debe transitar de la prohibición a la construcción de alternativas de ingreso sustentable.

“Aquí no se trata de correr a la gente ni de poner candados, sino de hacerlos socios del bosque. Si el cuidado del árbol no se convierte en un beneficio tangible para la comunidad, estaremos perdiendo la batalla más importante”, destacó.

Recordó que la conservación del Pico de Orizaba trasciende el valor paisajístico, calificándolo como una “fábrica de agua” insustituible cuya estabilidad hidrológica depende directamente de la salud de sus laderas arboladas.

Aunque los resultados aún no se ven, el activista confía en que la unión de empresas, ecoturísticos y pobladores logrará un cambio tangible, asegurando agua y oxígeno para la región centro.

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