

De la redacción
El Buen Tono
Orizaba.- Mientras el ayuntamiento presume ingresos millonarios por atractivos turísticos como el teleférico, el tobogán de la montaña e incluso el cobro por servicios básicos como sanitarios, en la Unidad de Manejo Ambiental (UMA) la realidad es otra: abandono, riesgos sanitarios y un evidente descuido en la atención de la fauna.
A unos metros del teleférico, uno de los principales generadores de ingresos municipales, la jaula de los monos araña se ha convertido en un foco de insalubridad. Nidos de ratas proliferan a un costado del encierro, y lo más grave: los roedores entran y conviven directamente con los primates.
La escena no sólo indigna, también evidencia el contraste entre la recaudación y el destino de los recursos. “Están más gordas las ratas que los monos”, soltó un turista al observar las condiciones en las que se encuentran los animales, reflejando una percepción que cada vez comparten más visitantes.
Especialistas advierten que esta convivencia representa un riesgo sanitario serio. Las ratas son portadoras de bacterias como Salmonella, además de parásitos y enfermedades como la leptospirosis, que puede transmitirse por contacto con orina o heces contaminadas. En un entorno donde el alimento y el agua pueden ser fácilmente expuestos, el peligro de infecciones digestivas, respiratorias y cutáneas en los monos araña es constante.
La falta de intervención no es menor. Mantener estas condiciones podría constituir negligencia en la protección de fauna silvestre, así como incumplimiento de normas ambientales y de bienestar animal que obligan a garantizar condiciones adecuadas de higiene, bioseguridad y alimentación.
El contraste se vuelve aún más cuestionable al revisar las cifras. Tan sólo en 2023, autoridades municipales reportaron ingresos cercanos al millón de pesos en un sólo mes por concepto de boletos del teleférico, antes incluso de la ampliación que duplicó el número de cabinas. Actualmente, se estima que este atractivo moviliza hasta 2 mil 700 personas diarias en temporada regular, lo que se traduce en ingresos mensuales de varios millones de pesos.
Con ese nivel de recaudación, la precariedad en la UMA no sólo resulta injustificable, sino que abre una pregunta obligada: ¿en qué se están utilizando los recursos públicos?
