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Adriana Estrada
El Buen Tono

Orizaba.-  Lo que el consumidor paga en el mercado no siempre refleja lo que el agricultor recibe en el surco. Esta paradoja golpea con crudeza a los productores de jitomate, limón y chayote, tres cultivos que durante 2026 han experimentado una montaña rusa de precios, con una tendencia mayoritaria a la baja que ya deja pérdidas irreparables en el sector rural.
Al respecto, Juan Artemio Rodríguez, presidente del Comité Regional Campesino (CRC), señaló que, los intermediarios son quienes fijan el costo final al alza, mientras que al agricultor le ofrecen migajas por su cosecha. “Estos tres productos a veces están tan baratos que ni siquiera alcanza para cubrir la recolección. Un compañero me contó que prefirió dejar perder parte de su chayote porque no valía la pena sacarlo”.
El dirigente campesino explicó que el chayote es el caso más extremo de inestabilidad, con vaivenes constantes que en semanas recientes hundieron su precio a niveles mínimos históricos, sin embargo dijo que el problema no es coyuntural, ya que detrás de la volatilidad se asoma la competencia desleal de las importaciones, que llegan con el respaldo de subsidios gubernamentales en sus países de origen, una ventaja que los campesinos mexicanos no tienen.
Agregó que los insumos básicos para el campo, también afectan al gremio, ya que tan solo la urea, fertilizante esencial para estos cultivos, pasó de 400 a 850 pesos por bulto en el último año, después de tocar un pico de mil 500 pesos en plena crisis de suministros, un incremento que duplica el costo de siembra, pero que no encuentra contraparte en el precio de venta: el jitomate, el limón y el chayote se cotizan igual o incluso por debajo de lo que valían hace dos temporadas.
“Los precios de los fertilizantes son fijos y siempre van hacia arriba. En cambio, lo que nos pagan por nuestra cosecha es incierto y, la mayoría de las veces, insuficiente”, lamentó.
La situación mantiene a los pequeños y medianos agricultores con gran preocupación, pues ven cómo su margen de ganancia se esfuma entre el encarecimiento de los insumos y la presión de los comercializadores. 

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