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AGENCIA

Ciudad de México.- El jamón es uno de los alimentos más consumidos por las familias mexicanas, presente en desayunos, tortas, sándwiches y lonches escolares. Sin embargo, estudios recientes de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) revelaron que algunos productos comercializados como jamón presentan irregularidades que podrían inducir a error a los consumidores.

A través de análisis realizados por el Laboratorio Nacional de Protección al Consumidor y publicados en la Revista del Consumidor, la dependencia detectó casos de productos con menor contenido de carne del que anuncian, diferencias en la información nutrimental, exceso de sodio y el uso de ingredientes no declarados claramente en las etiquetas.

Las investigaciones abarcaron decenas de productos disponibles en supermercados y tiendas de autoservicio, evaluando aspectos como proteína, grasa, humedad, contenido neto y cumplimiento de la Norma Oficial Mexicana NOM-158-SCFI-2003, que regula la clasificación y características del jamón en México.

Uno de los principales hallazgos fue la existencia de productos que, aunque son comercializados con una imagen similar a la de un jamón tradicional, en realidad pertenecen a otras categorías de embutidos debido a que contienen altas cantidades de agua, féculas, soya y proteínas vegetales que modifican su composición.

Profeco explicó que la clasificación oficial del jamón depende de diversos factores, entre ellos el porcentaje de proteína libre de grasa, la humedad y los ingredientes utilizados en su elaboración. Cuando un producto no cumple con estos parámetros, debe comercializarse bajo una denominación distinta.

La dependencia recordó que la Norma Oficial Mexicana establece cinco categorías de jamón: extrafino, fino, preferente, comercial y económico. Mientras las categorías superiores exigen mayor contenido de proteína y restringen ingredientes adicionales, las categorías más económicas permiten una mayor incorporación de agua, almidones y proteínas no cárnicas.

Durante los estudios también se detectaron inconsistencias en algunas marcas reconocidas. En ciertos casos se encontraron niveles de sodio superiores a los declarados en el empaque, mientras que otros productos reportaban cantidades de proteína distintas a las obtenidas en laboratorio.

Además, se identificó el uso de ingredientes adicionales destinados a reducir costos de producción o modificar la textura de los alimentos, lo que puede afectar el valor nutricional esperado por los consumidores.

Ante estos resultados, Profeco recomendó revisar cuidadosamente las etiquetas antes de realizar una compra, verificar la denominación comercial completa del producto, comparar el contenido de proteína y consultar la lista de ingredientes.

La institución también sugirió prestar atención a los sellos de advertencia relacionados con sodio, grasas saturadas y calorías, especialmente en personas con hipertensión, enfermedades cardiovasculares o que buscan mantener una alimentación más saludable.

En un contexto de incremento en los precios de los alimentos, la Procuraduría destacó que elegir el producto más económico no siempre representa la mejor opción, ya que en muchos casos el menor costo está asociado con una reducción significativa del contenido cárnico y un aumento de ingredientes sustitutos.

Por ello, la dependencia reiteró el llamado a los consumidores para informarse, comparar productos y consultar los estudios de calidad disponibles en la Revista del Consumidor antes de tomar una decisión de compra.

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