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David Flores “El Gavilán” convierte el crucero en una telenovela vial de tiempo completo: primero a punto de colapsar, luego desaparecido, ahora clausurado.

De la redacción
El Buen Tono

Córdoba, Ver. – ¿Pensó que ya había visto todo en materia de ocurrencias viales? No, amigo conductor, relájese y agarre palomitas, porque el show de la avenida 11 y calle 13 acaba de estrenar un nuevo capítulo. Y como en toda buena serie de suspenso… nadie sabe qué pasa, pero todos sufren las consecuencias.

Resulta que aquel semáforo que hace unos días estaba a punto de colapsar —sí, ese mismo que las autoridades dejaron horas, días, quién sabe cuánto tiempo, como si fuera un monumento al desastre—, luego desapareció sin dejar rastro (seguramente “se lo llevaron a reparar”, como el chiste del pueblo), y ahora la solución de lujo del municipio es cerrar la calle por completo. Porque, claro, si no hay semáforo, ni señalización, ni un alma de Tránsito controlando, lo más lógico es tapar el hoyo con un bloqueo.

Pero no se preocupe, que para eso está el gran estratega de la movilidad urbana: David Flores Cervantes, alias “El Gavilán”, titular de la Jefatura de Tránsito Municipal. Un hombre que, visto desde fuera, parece tener más plumas en el sombrero que luces en funcionamiento en la ciudad. Su más reciente jugada maestra: quitar la estructura dañada, sí, pero dejar el crucero en completa orfandad vial. ¿Agentes? ¿Desvíos? ¿Un letrero? Para qué, si el verdadero espectáculo es ver a los automovilistas improvisar.

Ahora, tras el caos y la presión ciudadana —y porque hasta las piedras sabían del peligro—, las autoridades han decidido cerrar la circulación en esa zona. ¿La razón oficial? “Instalación de un nuevo semáforo”, dicen. Pero claro, como pedir permiso o avisar con tiempo es de mal gusto, los conductores se toparon con la sorpresa: calle cerrada, tráfico embotellado y “El Gavilán” revoloteando a lo lejos, probablemente buscando a quién echarle la culpa que no fuera él.

Mientras tanto, peatones, estudiantes (porque sí, hay escuelas cerca) y padres de familia siguen sorteando el peligro como pueden. Porque en Córdoba, ser “Pueblo Mágico” no solo implica calles empedradas y portales bonitos, sino también una incapacidad vial que ya merecería su propio capítulo en “Mujeres Asesinas” versión tránsito.

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