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Internacional.- Informes recientes de análisis militar señalan que sistemas de radar de fabricación china desplegados en Venezuela —entre ellos los modelos JYL-1, JY-11B y JY-27— no habrían logrado detectar la incursión de aeronaves estadounidenses de última generación, lo que permitió a cazas furtivos F-35 operar con alto grado de precisión y sin interferencias significativas.

De acuerdo con estas evaluaciones, uno de los factores clave habría sido la acción de aeronaves de guerra electrónica EA-18G Growler, especializadas en la supresión y anulación de sistemas de vigilancia, radar y comunicaciones. A ello se sumó el empleo de tácticas de vuelo a muy baja cota por parte de los aviones intrusos, aprovechando el enmascaramiento del terreno, así como sus avanzadas capacidades de sigilo.

Los reportes también apuntan a limitaciones estructurales en la defensa aérea venezolana, como la falta de integración plena de los distintos radares en una red unificada, además de aspectos relacionados con la preparación y coordinación operativa. Estos elementos habrían reducido la capacidad de detección y respuesta frente a plataformas diseñadas para evadir sensores convencionales.

El episodio, según especialistas, pone en evidencia que los radares chinos aún enfrentan desafíos para rastrear y detectar aeronaves furtivas en escenarios operativos reales, en contraste con las capacidades que se les atribuyen en discursos oficiales y material promocional. Analistas subrayan que la evolución de la guerra electrónica y del sigilo aéreo continúa marcando una brecha tecnológica significativa en los sistemas de defensa antiaérea tradicionales.

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