

DE LA REDACCIÓN
El Buen Tono
REGIÓN.- La violencia no puede ni debe justificarse bajo ningún pretexto, mucho menos cuando se pretende encubrirla con actos de fe. La agresión sufrida de una mujer en Ciudad Mendoza, a manos de personas que participaban en una peregrinación religiosa, exhibe una grave contradicción entre el discurso de devoción y las prácticas intolerantes que aún persisten bajo el amparo de usos y costumbres.
La mujer fue atacada luego de manifestar su inconformidad por el uso de pirotecnia durante una peregrinación, una práctica que, aunque arraigada culturalmente, ha sido ampliamente cuestionada por sus efectos nocivos en la salud, el medio ambiente y la convivencia social.
Al respecto, el vocero de la Diócesis de Orizaba, Helkyn Enríquez Báez, fue contundente al señalar que cualquier acto de violencia es reprobable, pero resulta todavía más preocupante cuando ocurre en un contexto religioso, pues evidencia una incongruencia profunda entre el mensaje espiritual y la conducta de quienes dicen profesarlo.
El representante de la Iglesia subrayó que la pirotecnia no es sinónimo universal de alegría ni de fe, especialmente en una sociedad plural donde existen realidades diversas. Recordó que su uso afecta a adultos mayores, personas con enfermedades, a quienes padecen condiciones neurológicas, así como a las mascotas, además de generar contaminación ambiental mediante la liberación de sustancias tóxicas científicamente comprobadas como dañinas para el organismo.
Enríquez Báez enfatizó que es urgente avanzar hacia una cultura de respeto y regulación, incluso en comunidades donde la pirotecnia se mantiene por tradición, a fin de prevenir accidentes, desgracias y conflictos sociales. También dejó claro que, ante una agresión desproporcionada o una lesión injusta, las víctimas tienen derecho a proceder legalmente, más aún cuando existen testigos y evidencias.
