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Sandra González 
El Buen Tono 

Orizaba.- Este 2 de noviembre, la Iglesia católica no sólo pidió por los fieles difuntos que reposan en los cementerios, sino también por aquellos de quienes no se sabe dónde están enterrados, quizás en fosas clandestinas, permaneciendo en calidad no localizados. Así lo expresó el obispo de la diócesis de Orizaba, Eduardo Cervantes Merino, al reflexionar sobre esta tragedia.
“Desafortunadamente, hay muchas situaciones de personas de las que no sabemos si están vivas o muertas. Algunos ya se olvidaron de ellas”, lamentó el prelado. Recordó que, con el tiempo, la distancia emocional puede crecer, pero la Iglesia sigue incluyendo a todos en sus oraciones, especialmente en esta conmemoración del Día de Muertos.

UNA TRADICIÓN
DE SIGLOS
Cervantes Merino destacó que esta “hermosa tradición” de la Iglesia Católica tiene raíces de siglos atrás, centrada en encomendar a los difuntos. Es una fecha para recordar a quienes están presentes en nuestra memoria y corazón, en vínculos de familia, amistad o trabajo. Sin embargo, el obispo también subrayó la deuda pendiente en México: la búsqueda de los desaparecidos.

UN LLAMADO
DE JUSTICIA
“La búsqueda de los desaparecidos sigue siendo el gran déficit, la mayor deuda de los gobiernos estatales y federales”, afirmó. Mientras haya una persona sin localizar, un cuerpo sin identificar y un grupo criminal que opera sin consecuencias, “el Estado y la sociedad somos más débiles”, añadió, refiriéndose al fenómeno que afecta en su mayoría a jóvenes, hombres y mujeres de entre 18 años y 30 años.

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