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De la redacción 

El Buen Tono 

Córdoba.- Con un sueldo cercano a los cien mil pesos mensuales, la regidora novena Vania López González y otros ediles exhiben una práctica ofensiva para la ciudadanía: deciden el rumbo del municipio sin presentarse físicamente a las sesiones de Cabildo, refugiados en conexiones remotas que sustituyen la obligación de dar la cara, una conducta que varios, como López González, arrastran desde administraciones anteriores.

Esa costumbre no es nueva ni accidental. Durante el gobierno pasado, funcionarios como la entonces sindica convirtieron el Zoom en regla, ausentándose del recinto mientras el órgano colegiado deliberaba entre cámaras apagadas y fotografías estáticas, reflejo de una simulación institucional que normalizó el desdén por el trabajo público.

El agravio se profundiza al contrastar esas ausencias con los señalamientos que pesan sobre sus actuaciones en el periodo anterior, marcado por el manejo cuestionado de recursos y beneficios personales, hoy acompañados por la comodidad de cobrar completo sin cumplir con la responsabilidad mínima de asistir a las sesiones donde se toman decisiones que afectan a toda la ciudad.

La tolerancia del alcalde Manuel Alonso Cerezo termina de cerrar el círculo de la impunidad, al permitir que regidores participen desde una pantalla y continúen influyendo en el destino municipal sin pisar el Cabildo, mientras la población observa cómo se institucionaliza el abandono del cargo, se protege la flojera política y se vuelve a cargar el costo del desgobierno sobre el pueblo.

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