

De la redacción
El Buen Tono
La extracción del TAT-8, el primer cable transatlántico de fibra óptica, se ha convertido en una operación clave para la infraestructura global de comunicaciones. Instalado en 1988 por AT&T, British Telecom y France Telecom, el TAT-8 permitió la expansión de la conectividad internacional y marcó un hito histórico al acompañar eventos como la caída del Muro de Berlín y el auge de la World Wide Web.
Aunque se creyó que sería suficiente por décadas, el TAT-8 agotó su capacidad en apenas 18 meses, lo que obligó a construir nuevas rutas transoceánicas. Tras años inactivo, la empresa Subsea Environmental Services lidera la extracción para liberar espacio en el lecho marino, gestionar la infraestructura obsoleta y recuperar materiales de valor.
La operación, realizada desde el buque Maasvliet, combina técnicas históricas y modernas. Se utiliza un anzuelo conocido como “pez plano” para enganchar el cable en el fondo marino y extraerlo con cuidado. Los repetidores, piezas de hasta 400 kilos, se retiran por separado, mientras que el cable se enrolla y almacena en tanques especializados.
Estudios del Centro Nacional de Oceanografía del Reino Unido indican que el impacto ambiental de estas operaciones es limitado, ya que la mayoría de los cables no atraviesa hábitats sensibles. Los materiales recuperados, como acero y cobre de gran pureza, se reciclan y reutilizan en diversas industrias, mientras que el polietileno se transforma en productos plásticos.
El rescate del TAT-8 no solo conserva la historia de la conectividad, sino que también aporta recursos estratégicos para la industria actual, demostrando que incluso décadas bajo el océano, estos cables mantienen su relevancia tecnológica y económica.
