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AGENCIA

Nacional.- A pesar de su papel fundamental en el equilibrio ambiental y la producción de alimentos, las abejas continúan siendo percibidas por algunas personas como una amenaza, especialmente en entornos urbanos. Frente a esta visión, rescatistas y especialistas trabajan para promover la convivencia y concientizar sobre la importancia de estos insectos para el planeta.

Adriana Véliz, directora de Abeja Negra SOS, subrayó que el primer paso es generar conciencia de que los seres humanos no son los únicos habitantes del entorno. Cada ser vivo cumple un propósito específico, y en el caso de las abejas, su función como polinizadoras resulta esencial para la reproducción de plantas y cultivos.

Además de ser productoras de miel, las abejas juegan un papel clave en los ecosistemas. Sin embargo, su presencia en zonas urbanas suele generar conflictos, ya que muchas personas las consideran peligrosas. Véliz explicó que las abejas solo pican cuando se sienten amenazadas o cuando algo no está bien en su entorno, no por agresividad.

Veterinaria, apicultora y rescatista, Adriana Véliz encabeza esfuerzos para facilitar la convivencia entre humanos y abejas en la ciudad. Junto con su equipo, se dedica al rescate de enjambres, recomendando que, al detectar uno, se espere entre tres y cuatro días antes de intervenir, ya que en muchos casos las abejas se trasladan por sí solas.

Una vez rescatadas, las abejas son llevadas a zonas de cuarentena donde se monitorea su salud, se verifica que no presenten enfermedades y se vigila el crecimiento de la colonia. Posteriormente, pueden integrarse a la producción de miel o ser trasladadas a santuarios en distintas regiones del país.

No obstante, la convivencia con las personas sigue siendo motivo de controversia, alimentada por mitos y desinformación. Véliz llamó a la empatía y recordó que muchas de las zonas urbanas actuales fueron anteriormente áreas naturales.

Especialistas advierten que una muerte masiva de abejas tendría consecuencias devastadoras. Se estima que, sin su labor de polinización, la humanidad podría enfrentar un colapso alimentario en un periodo de apenas cuatro años.

Aunque el interés por huertos urbanos y plantas polinizadoras ha crecido, persiste la necesidad de respetar estas iniciativas, ya que benefician indirectamente a toda la sociedad. Pese a la existencia de manuales de apicultura y rescate, en México no existe una legislación clara que proteja de manera integral a las abejas y a los apicultores.

Las distintas visiones sobre las abejas -como plaga, área de producción o especie protegida- han dificultado la creación de un marco legal sólido. Esta falta de regulación representa un desafío para la conservación de una especie indispensable para la vida cotidiana y el equilibrio ambiental.

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