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Clientes cuestionan la seguridad de sus inversiones. el acoso laboral se intensifica y las renuncias se disparan ante el clima de hostilidad

De la Redacción
El Buen Tono

Córdoba, Ver.- La filtración de los responsables del fraude en la sucursal 103 destapa una crisis mayor: empleados exonerados son despedidos sin liquidación, las amenazas de despido se han vuelto cotidianas, las renuncias voluntarias se acumulan en Córdoba y Fortín, y los clientes exigen respuestas sobre la seguridad de sus inversiones ante una administración que normalizó la presión y la opacidad.

Cientos de cuentahabientes de la zona han comenzado a cuestionar en redes sociales y foros locales la capacidad del banco para custodiar sus ahorros e inversiones, ante la evidencia de que un fraude de esta magnitud pudo operar desde el interior de una sucursal sin que los mecanismos de supervisión lo detectaran a tiempo.

La incertidumbre no se limita al ámbito laboral. La operación de Banamex en Córdoba y Fortín arrastra un historial de condiciones de trabajo que han derivado en enfermedades como ansiedad, estrés, infecciones renales, reumatismo y gastritis, así como episodios de desmayos de empleados durante su jornada, omitidos por jefes, gerentes y encargados de distrito

La identificación de IRAN AMAYA FIGUEROA y JORGE LACARRIERE GENDRON como los autores del desfalco de más de 40 millones de pesos en la sucursal 103 de Banamex en Córdoba debía cerrar el caso. En lugar de eso, la revelación ha desatado una espiral de acoso laboral contra el resto del personal. Las amenazas de despido se han intensificado en las sucursales de la región, y las renuncias voluntarias se han disparado ante un clima laboral que ya era insostenible antes del fraude.

Los trabajadores de esa sucursal, pese a que las cámaras y auditorías internas demostraron su inocencia, fueron corridos sin goce de liquidación el 1 y 8 de junio. Quienes se negaron a firmar el finiquito reducido enfrentaron la presión directa de Relaciones Laborales, que los intimidó con un proceso penal de larga duración. Esa misma mecánica de hostigamiento se ha replicado en otras sucursales de Córdoba y Fortín: la gerencia ha incrementado la vigilancia sobre los empleados, ha suspendido horas de comida y ha restringido incluso los descansos para ir al baño, generando un entorno de desconfianza que ha llevado a decenas de colaboradores a presentar su renuncia antes de ser despedidos.

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