De la redacción
El Buen Tono
Lo que comenzó como una tragedia terminó convirtiéndose en una historia de solidaridad que conmovió a quienes conocieron el caso de Manchas, un perro callejero que estuvo a punto de morir tras presuntamente ingerir alimento envenenado.
El animal acostumbraba dormir en una zona de la comunidad, hasta que un domingo fue encontrado en pésimas condiciones. Apenas podía mantenerse de pie y su estado era delicado.
Un veterinario explicó que todavía podía salvarse, pero necesitaba tratamiento y medicamentos cuyo costo era difícil de cubrir. Ante la situación, doña Aura decidió hacer algo que para muchos resultó inesperado: rifar a la Pinta, su única gallina, que diariamente le proporcionaba los huevos para su desayuno.
Con el apoyo de doña Cecilia, comenzó a recorrer la cuadra para vender números de la rifa y reunir el dinero necesario para atender a Manchas.
La iniciativa no estuvo libre de críticas. Algunas personas se burlaron al saber que estaban rifando una gallina para pagar el tratamiento de un perro que no tenía dueño. Sin embargo, también hubo quienes decidieron apoyar la causa y entregaron dinero sin siquiera participar en el sorteo.
En apenas tres días, lograron reunir lo necesario.
Manchas recibió atención veterinaria y, contra todo pronóstico, sobrevivió.
Pero la historia todavía tendría un último giro.
Cuando llegó el momento de entregar a la Pinta a la persona que ganó la rifa, esta observó a la gallina y decidió devolvérsela a doña Aura.
“Quédese con ella. Dios le va a devolver todo esto”, habría sido el mensaje que recibió la mujer.
La solidaridad terminó teniendo una recompensa aún mayor. Manchas tampoco volvió a las calles. Encontró un hogar y ahora permanece junto a doña Aura, donde duerme sobre un tapete, cerca de aquella gallina que, de una manera inesperada, ayudó a salvarle la vida.
Una gallina, un perro sin dueño y dos mujeres demostraron que, incluso en medio de la adversidad, un pequeño acto de bondad puede cambiar una vida.
