

De la redacción
El Buen Tono
Fortín.- El avance del comercio ambulante sobre el bulevar Córdoba-Fortín es la consecuencia directa de la gestión del exalcalde, Gerardo Rosales Victoria, a quien se le atribuye la herencia de la actividad fuera de control.
Señalamientos reiterados indicaron que durante su administración se cobraron “moches” a una mafia de vendedores informales provenientes de Puebla, práctica que permitió la ocupación irregular de una de las vialidades más importantes de la región y sentó las bases del desorden actual.
Esa red de cobros ilegales derivó en la anulación de cualquier intento de regulación.
Bajo ese esquema, los ambulantes operaron con libertad, sin respetar calendarios, permisos ni zonas autorizadas, mientras la autoridad municipal miraba hacia otro lado.
La permisividad convirtió el espacio público en botín político y debilitó la aplicación de los reglamentos.
La consecuencia de ese modelo se mantiene vigente en el municipio.
Durante un recorrido que realizó este medio de comunicación ayer por la tarde, se constató que los puestos comenzaron a instalarse pese a tratarse de un día inhábil para tianguis.
La escena confirmó que la estructura heredada continúa funcionando y que la impunidad sembrada en aquel gobierno sigue marcando la dinámica del ambulantaje.
El bulevar Córdoba-Fortín refleja el costo social y urbano de una administración que optó por la corrupción y la omisión, en lugar que por el bien común.
El caos vial, la competencia desleal y la ocupación indebida de espacios tienen un antecedente, son el resultado de decisiones políticas que favorecieron intereses irregulares y dejaron un problema enquistado que sigue afectando a los ciudadanos.
