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De la redacción
El Buen Tono

La diplomacia rusa reaccionó con dureza a las acusaciones de Alemania, Reino Unido, Francia, Suecia y Países Bajos sobre el presunto envenenamiento del líder opositor Alexéi Navalny con una toxina letal extraída de una rana sudamericana. La Embajada de Rusia en Londres calificó las denuncias como “necropropaganda” y un “ultraje a muertos”, justo cuando se acerca el segundo aniversario de la muerte de Navalny en una prisión ártica.

Según el comunicado difundido por la agencia TASS, las acusaciones occidentales no buscan justicia, sino afectar la memoria del fallecido, y criticaron a los medios que se “afiliaron servilmente a estructuras políticas y servicios de inteligencia de Occidente”. La embajada sostuvo que el objetivo es “prender en la sociedad occidental la agonizante llamita antirrusa”.

La portavoz del Ministerio de Exteriores de Rusia, María Zajárova, añadió que estas campañas informativas buscan distraer de problemas internos en Europa y recordó que Rusia solicitó sin éxito los resultados de los análisis que implicarían al país en los casos de Navalny y del exespía Serguéi Skripal.

Por su parte, los gobiernos europeos insistieron que las pruebas confirmaron la presencia de epibatidina, una toxina 200 veces más potente que la morfina, en muestras de Navalny. Señalaron que el líder opositor, quien murió a los 47 años en prisión en Siberia, pudo haber sido víctima de envenenamiento, mientras Rusia mantiene que falleció por causas naturales.

El caso revive la tensión entre Rusia y varios países europeos, y pone de nuevo sobre la mesa la polémica sobre las circunstancias que rodearon la muerte del opositor ruso.

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