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Todo el mundo dice que tener hijos te cambia la vida, y debe ser cierto. Pero la misma frase en la boca de un hombre y de una mujer tiene detrás significados diferentes. Cuestiones abstractas y existenciales aparte, para muchas mujeres un gran choque con la realidad es que se descubren -con diferentes grados de resignación- en un irremediable estado de precariedad económica.

El sentido común dicta que un hijo implica un gasto considerable, pero en la vida de lasmujeres entran en juego factores adicionales a la simple ecuación ganar-gastar-mantener a la criatura viva. Las renuncias personales que hacen las mujeres por los hijos son tan profundas como invisibles, y en muchos casos van en detrimento de la propia integridad y la salud.

“Paralelamente mi responsabilidad fue creciendo y mi situación económica fue disminuyendo conforme nacieron mis tres hijas. Al mismo tiempo tenía que cumplir con un trabajo muy extenuante”, me cuenta Lydia, mi madre, que crió a tres niñas al tiempo que cuidó de sus dos padres enfermos. Médica familiar de profesión, ha detectado que los desgastes emocionales y económicos de la maternidad van de la mano y a menudo superan las expectativas de las mujeres. “El golpe no se detecta por la madre de inmediato, tiene que ver con las etapas de la vida de una familia y es un proceso que inicia desde que se anuncia el embarazo. Es más fuerte si hay complicaciones antes y después del parto, o durante el desarrollo del bebé”.

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