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De la redacción
El Buen Tono

La madrugada del 6 de enero, la violencia volvió a imponerse en San Salvador El Seco. Luis Armando V. B., de 29 años, fue asesinado a balazos al interior de un establecimiento conocido como “La Perla”, señalado por vecinos como una cachimba ubicada sobre la carretera federal Puebla–Xalapa. Había salido de su casa con un objetivo simple: comprar los regalos de Reyes para sus hijos.

De acuerdo con los primeros reportes, la familia perdió contacto con él desde la tarde del día anterior, cuando salió de Mazapiltepec de Juárez rumbo a El Seco. Horas después, su cuerpo fue localizado sin vida dentro del lugar, en el área donde presuntamente consumía alimentos al momento del ataque. Presentaba al menos tres impactos de arma de fuego en cuello, tórax y espalda, lesiones que le habrían causado la muerte de manera instantánea.

Durante las diligencias, peritos de la Fiscalía General del Estado aseguraron diversos indicios, entre ellos cartuchos percutidos, fragmentos de una pipa de cristal, bolsas con polvo blanco y libretas con anotaciones. Con base en estos elementos, la principal línea de investigación apunta a un ajuste de cuentas vinculado a actividades del crimen organizado en la región.

Fuentes locales señalaron que “La Perla” contaba con antecedentes de clausuras por riñas y por la venta irregular de alcohol. También trascendió que el Ayuntamiento habría intentado manejar el caso con discreción, presuntamente para evitar el impacto negativo que genera la operación de este tipo de establecimientos a pie de carretera.

El cuerpo fue trasladado al anfiteatro regional para la necropsia de ley, donde fue identificado por sus familiares. En casa, sus hijos esperaban juguetes que nunca llegaron. La violencia no solo arrebata vidas; rompe hogares y deja ausencias permanentes en fechas que deberían ser de esperanza, mientras la impunidad continúa marcando el paso.

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