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Están a vuelta las elecciones intermedias es momento de preguntarnos si mientras ellos pelean, ¿cómo vive realmente la familia mexicana? Y contestando esta pregunta con valor vamos a decidir el futuro del país

México vive una de las épocas de mayor confrontación en la historia reciente. Todos los días, las redes sociales, los medios y los líderes de opinión nos presentan dos realidades completamente distintas. Para unos, el país avanza como nunca; para otros, estamos al borde de convertirnos en otra Venezuela o Cuba.

Pero la verdadera pregunta es: ¿qué es cierto y qué es propaganda?

Las medias verdades, las noticias incompletas y, en ocasiones, las mentiras abiertas han convertido la información en un campo de batalla. Cada quien defiende su versión y desacredita la del contrario, mientras los ciudadanos quedamos en medio tratando de distinguir los hechos de las narrativas.

La realidad es más compleja. México no enfrenta hoy las mismas condiciones políticas, económicas e institucionales que Venezuela o Cuba, aunque sí existen preocupaciones señaladas por distintos organismos sobre el fortalecimiento del Estado de derecho, la seguridad, la corrupción, la polarización y la calidad de algunas instituciones democráticas. Al mismo tiempo, el país mantiene elecciones competitivas, alternancia en distintos niveles de gobierno, una economía abierta y una intensa participación ciudadana, aunque con desafíos importantes.

Quizá el problema más grande no sea quién tiene la razón, sino que hemos dejado de escuchar. Cuando la política se convierte en una guerra de fanáticos, la verdad suele ser la primera víctima.

México no necesita más seguidores ciegos de un color u otro. Necesita ciudadanos críticos que exijan resultados, transparencia, seguridad, justicia, salud, educación, crecimiento económico y oportunidades para todos, sin importar quién gobierne.

La pregunta no debería ser si somos como Venezuela o como cualquier otro país. La verdadera pregunta es:

¿Estamos construyendo el México que queremos dejar a nuestros hijos, o seguimos perdiendo el tiempo peleando entre nosotros mientras los problemas reales esperan solución?

Hagan su reflexión personal y los leo sin hipocresías.

Cp. Guillermo Santos Martínez

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