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Nacional.- El sarampión continúa siendo una amenaza latente para la salud pública debido a su elevada capacidad de contagio y a la ausencia de un tratamiento antiviral específico que elimine el virus. Este agente infeccioso se multiplica dentro de las células humanas y, al mismo tiempo, debilita de forma significativa las defensas naturales del organismo.
Comprender el mecanismo de infección permite explicar por qué las personas que padecen sarampión quedan vulnerables a otras enfermedades durante meses. El virus provoca una alteración profunda del sistema inmunológico, al destruir glóbulos blancos y eliminar la memoria inmunológica adquirida frente a infecciones previas, lo que representa un desafío constante para la medicina.
¿Por qué el sarampión no tiene una cura específica?
Hasta ahora, la ciencia no cuenta con un fármaco capaz de erradicar directamente el virus del sarampión. Su complejidad radica en la capacidad de integrarse a las células y alterar los mecanismos de vigilancia del cuerpo. Estudios publicados en la Journal of Virology señalan que el virus se aloja en el interior celular, lo que dificulta la acción de medicamentos sin afectar el tejido sano.
Además, el sarampión provoca una fuerte supresión inmunitaria al destruir glóbulos blancos esenciales para la defensa del organismo. A esto se suma la llamada amnesia inmune, un proceso mediante el cual se pierden anticuerpos previamente adquiridos, obligando al sistema inmunológico a reconstruirse desde cero frente a enfermedades ya superadas.
Atención médica y cuidados durante la enfermedad
Ante la falta de una cura definitiva, el manejo del sarampión se centra en aliviar los síntomas y prevenir complicaciones graves. El tratamiento es de soporte y busca mantener estables las funciones vitales mientras el sistema inmunológico controla la infección.
De acuerdo con recomendaciones de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades y la Organización Mundial de la Salud, los cuidados básicos incluyen la hidratación adecuada para compensar la pérdida de líquidos por fiebre o diarrea, la administración de vitamina A en dosis específicas, especialmente en niñas y niños, y el control de la temperatura corporal para reducir el malestar durante la fase aguda de la enfermedad.
Proceso de recuperación
La recuperación del sarampión es gradual y requiere aislamiento estricto para evitar la propagación del virus, el cual puede permanecer activo en el ambiente durante varias horas. El paciente debe mantenerse en confinamiento desde el diagnóstico y hasta cuatro días después de la aparición del sarpullido.
El reposo es fundamental para que el organismo concentre su energía en la respuesta inmunológica. Asimismo, se recomienda la vigilancia constante de posibles complicaciones, como neumonía o afectaciones neurológicas, que requieren atención hospitalaria inmediata.
Prevención mediante la vacunación
La vacunación es la medida más eficaz para prevenir el sarampión y cortar la cadena de contagios. De acuerdo con la Secretaría de Salud, la inmunización crea una barrera colectiva que impide la circulación del virus en la población.
El esquema incluye la vacuna Triple Viral, que protege contra sarampión, rubéola y paperas mediante dos dosis en la infancia, así como la vacuna Doble Viral como refuerzo para adolescentes y adultos sin esquema completo. Con la segunda dosis, la efectividad alcanza hasta el 97 por ciento, ofreciendo una protección duradera y reduciendo de manera significativa el riesgo de complicaciones graves asociadas a esta enfermedad.
