

El Buen Tono
Ixhuatlancillo.— Un nuevo caso vuelve a poner en entredicho la preparación y el perfil de quienes ocupan cargos clave en áreas de emergencia, luego de que Rigoberto Hernández fuera separado de sus funciones como titular de Protección Civil tras ser detectado en condiciones no adecuadas mientras conducía un vehículo oficial.
El hecho, registrado durante una festividad patronal y documentado por elementos de la Secretaría de Seguridad Pública de Veracruz, no solo evidenció una presunta falta de responsabilidad individual, sino que abrió un debate más amplio sobre los criterios bajo los cuales se designa a funcionarios en áreas sensibles.
Una función que exige capacidad y responsabilidad
Protección Civil es una de las dependencias más relevantes en cualquier municipio, encargada de responder ante emergencias, salvaguardar vidas y coordinar acciones en situaciones de riesgo.
Sin embargo, casos como este reflejan una preocupante desconexión entre la importancia del cargo y el perfil de quien lo desempeña.
Especialistas señalan que no se trata únicamente de una falta administrativa, sino de un posible síntoma de deficiencias en los procesos de selección, capacitación y supervisión de funcionarios públicos.
Señales de alerta en la administración local
El uso de un vehículo oficial en un contexto ajeno a las funciones operativas, sumado a las condiciones en las que fue detectado el exfuncionario, ha generado inconformidad social y cuestionamientos sobre la seriedad con la que se asignan este tipo de responsabilidades.
Ciudadanos han expresado que no es suficiente separar a un funcionario cuando ocurren este tipo de hechos, sino que se requiere garantizar que quienes ocupen estos cargos cuenten con la preparación, disciplina y criterio necesarios para desempeñarlos.
Más allá de un caso aislado
Este incidente no solo expone una conducta individual, sino que pone sobre la mesa la necesidad de revisar de fondo cómo se integran los equipos en áreas estratégicas. La falta de perfiles adecuados en puestos de alta responsabilidad puede traducirse en riesgos reales para la población, especialmente en municipios donde los recursos y la capacidad de respuesta son limitados.
