

AGENCIA
Ciudad de México.– La presidenta Claudia Sheinbaum volvió a encender el debate político al desmarcarse de la supuesta “operación cicatriz” dentro del oficialismo, contradiciendo abiertamente al coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal.
Mientras Monreal había reconocido públicamente la necesidad de “cerrar heridas” tras el choque con el Partido del Trabajo (PT) por el llamado “plan B” de la reforma electoral, la mandataria optó por minimizar el conflicto, asegurando que desconoce a qué se refiere el legislador y deslindándose del manejo de las alianzas políticas.
“Ya depende de Morena”, afirmó Sheinbaum, en un posicionamiento que deja entrever una distancia preocupante entre el Ejecutivo y su propio bloque legislativo, en un momento clave para la estabilidad del proyecto político que la llevó al poder.
El contraste es evidente. Por un lado, Monreal admite fracturas internas tras la votación que dejó fuera a la presidenta de la elección federal de 2027; por otro, Sheinbaum insiste en que lo relevante fue la aprobación de la reducción de privilegios y otras modificaciones constitucionales, restando importancia al revés político.
El conflicto surgió luego de que el PT y el Partido Verde Ecologista de México se opusieran a la reforma constitucional electoral impulsada por el Ejecutivo, al considerar que afectaba sus intereses. Ante ello, el gobierno promovió un “plan B”, aprobado parcialmente con apoyo dividido de sus aliados.
Sin embargo, más allá de los ajustes legislativos, el episodio dejó al descubierto fisuras dentro del bloque oficialista. La falta de una postura clara y unificada desde la Presidencia no solo contradice a sus propios operadores políticos, sino que también proyecta una imagen de descoordinación y debilidad en la conducción del movimiento.
La narrativa de Sheinbaum, centrada en minimizar el conflicto, contrasta con la realidad política: aliados inconformes, votaciones divididas y un liderazgo que evita asumir el costo de una fractura interna.
En un escenario donde la cohesión resulta clave para impulsar reformas de fondo, la postura de la presidenta no solo genera incertidumbre, sino que alimenta la percepción de un gobierno que enfrenta tensiones internas que ya no puede ocultar.
¿Y por qué la Presidenta se mete en asuntos partidistas? Ella se debe dedicar a gobernar a todos los mexicanos por igual. No debe tener privilegiados, opositores o traidores como ellos los llaman. ¡Debe gobernar en igualdad para todos! b) ¡No se comporta como Presidenta, sino como jefa de un partido!
Como quien dice: Los morenistas de Monreal sí quieren cicatriz y los morenistas de Sheimbaun no quieren alianzas.
