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AGENCIA

Ciudad de México.- La presidenta Claudia Sheinbaum avanza de manera gradual en la consolidación de un estilo propio de gobierno dentro de la llamada Cuarta Transformación (4T), mediante ajustes estratégicos en su gabinete, fortalecimiento de perfiles técnicos y el desplazamiento discreto de algunas figuras emblemáticas heredadas del sexenio de Andrés Manuel López Obrador.

A casi 20 meses del inicio de su administración, la mandataria mantiene intactos los principales pilares ideológicos del obradorismo, como los programas sociales, la austeridad y el discurso de justicia social; sin embargo, ha comenzado a imprimir una visión más institucional, científica y técnica en la conducción del gobierno federal.

Especialistas consideran que, más que una ruptura frontal con López Obrador, Sheinbaum desarrolla una “reconfiguración silenciosa” del poder político dentro del movimiento morenista, mientras prepara el terreno rumbo a las elecciones intermedias de 2027.

Desde octubre de 2024 hasta mayo de 2026, la presidenta ha realizado alrededor de 13 movimientos relevantes dentro del gabinete legal y ampliado, una cifra considerablemente menor a los más de 50 cambios acumulados durante el sexenio anterior, pero suficiente para evidenciar una nueva dinámica administrativa basada en relevos graduales, perfiles especializados y cercanía política.

Uno de los primeros movimientos clave ocurrió en marzo de 2025 en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, donde salió Rogelio Ramírez de la O, considerado uno de los funcionarios más cercanos al obradorismo. En su lugar fue designado Édgar Amador Zamora, exsecretario de Finanzas de la Ciudad de México y colaborador cercano de Sheinbaum durante su administración capitalina.

El relevo fue interpretado como una señal clara de confianza presidencial hacia perfiles de su círculo político más cercano y con experiencia técnica en manejo financiero.

Otro ajuste importante ocurrió en abril de 2026 dentro de la Secretaría de Relaciones Exteriores, tras la salida de Juan Ramón de la Fuente por motivos de salud. La dependencia quedó encabezada por Roberto Velasco Álvarez, diplomático identificado con una generación más técnica y moderada, con experiencia en relaciones bilaterales con Estados Unidos, negociaciones comerciales y asuntos multilaterales.

En el área social también se registraron cambios relevantes. Ariadna Montiel dejó la Secretaría de Bienestar y fue sustituida por Leticia Ramírez Amaya, exsecretaria de Educación Pública y cercana políticamente a la presidenta.

En mayo de 2026, además, la Secretaría de Agricultura quedó bajo el mando de Columba Jazmín López Gutiérrez, especialista en agroecología, sustentabilidad y producción rural, convirtiéndose en la primera mujer en encabezar dicha dependencia.

Analistas identifican además un patrón claro dentro del nuevo gabinete: El fortalecimiento de cuadros políticos y técnicos provenientes de la Ciudad de México, donde Sheinbaum gobernó antes de llegar a la Presidencia.

Entre los perfiles más fortalecidos destacan Omar García Harfuch, Jesús Antonio Esteva, Luz Elena González y Ernestina Godoy, quienes comparten experiencia administrativa, formación técnica y cercanía política con la mandataria.

Las diferencias respecto al gobierno de López Obrador también comienzan a notarse en áreas estratégicas como seguridad y energía.

Aunque la administración federal mantiene el discurso de “atender las causas” y “construir paz”, el actual gobierno ha fortalecido los operativos focalizados, la inteligencia criminal, la coordinación policial y las detenciones estratégicas.

En materia energética, mientras el sexenio anterior priorizó el fortalecimiento petrolero y la soberanía energética tradicional, Sheinbaum impulsa una política más enfocada en energías renovables, eficiencia energética, movilidad sustentable e inversión privada regulada.

El estilo presidencial también presenta diferencias visibles. Analistas describen a Sheinbaum como una mandataria más técnica, institucional y orientada a métricas, utilizando con frecuencia indicadores, modelos científicos y datos estadísticos para respaldar decisiones públicas, en contraste con el estilo político y altamente narrativo que caracterizó a López Obrador.

Los movimientos internos dentro del gobierno también poseen una lectura electoral rumbo a 2027, especialmente después de algunos retrocesos locales de Morena durante 2025.

El oficialismo busca fortalecer su estructura partidista, reorganizar liderazgos, blindar candidaturas y mantener mayoría legislativa, por lo que algunos funcionarios han comenzado a ser reubicados hacia tareas políticas y electorales.

Especialistas consideran que la actual administración representa una segunda etapa de la Cuarta Transformación: Mantiene los programas sociales, la austeridad y la base política morenista, pero incorpora una visión más institucional, técnica y pragmática en la gestión pública.

Diversos analistas incluso hablan de una “purga suave” dentro del movimiento, mediante la cual se fortalecen lealtades cercanas a la presidenta, se profesionaliza la administración y se reduce gradualmente la dependencia política del obradorismo tradicional, aunque sin una ruptura pública con López Obrador.

No obstante, algunos sectores internos advierten riesgos como la marginación de fundadores del movimiento, un posible exceso de tecnocracia y futuras disputas rumbo a las elecciones intermedias.

Pese a ello, Sheinbaum ha reiterado en diversas ocasiones que su administración forma parte del mismo proyecto político iniciado en 2018.

Especialistas coinciden en que el éxito del nuevo estilo presidencial dependerá de factores clave como los resultados en seguridad, crecimiento económico, estabilidad fiscal y la capacidad de Morena para conservar mayoría legislativa.

La presidenta enfrenta además retos complejos como la renegociación del T-MEC, las presiones comerciales de Estados Unidos, el fenómeno del nearshoring y la consolidación del nuevo modelo energético nacional.

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