El Buen Tono
Sandra González
Orizaba.- Han pasado cinco años desde que la vida de la familia Romero Flores cambió para siempre. El 19 de agosto de 2021, el asesinato del periodista Jacinto Romero Flores dejó una ausencia que permanece en su hogar y una pregunta que, cinco años después, sigue acompañando a sus familiares: ¿cuándo llegará la justicia?
Desde entonces, Germán Cuauhtémoc Romero, hijo del comunicador, ha tenido que aprender a vivir con la ausencia de su padre y, al mismo tiempo, mantenerse atento a un proceso penal que todavía no llega a la etapa de juicio contra el presunto autor material del crimen. Para la familia, el paso de los años no ha significado dejar atrás lo ocurrido. Por el contrario, cada suspensión y cada nueva fecha representan una nueva espera.
Germán Cuauhtémoc explicó que desde hace más de un año aguardan la realización de la audiencia de juicio, mientras que los intentos por llevarla a cabo se han encontrado con distintas dificultades relacionadas principalmente con la comunicación a distancia entre las partes.
Recordó que en distintas partes del país se han registrado hechos de violencia en planteles y advirtió que mantener incomunicados a alumnos y maestros puede ser riesgoso ante accidentes, emergencias o situaciones de inseguridad. “La prioridad es el alumno”, afirmó, al insistir en que el docente debe tener la autoridad para decidir cuándo se permite el uso del teléfono y cuándo debe guardarse.
A partir de entonces, las dificultades se repitieron, al grado de que la propia familia decidió participar mediante videoconferencia para mantenerse al tanto del proceso. Sin embargo, también enfrentaron problemas para escuchar con claridad las intervenciones que se realizaban en la sala de juicios orales de Pacho Viejo.
Para Germán Cuauhtémoc, lo importante es que el procedimiento pueda desarrollarse de manera adecuada y conforme a derecho, tanto para la familia de la víctima como para la persona imputada. “Yo no pido que se hagan cosas extraordinarias, solamente quiero que se cumpla con lo que se debe de cumplir”, expresó. Más que una exigencia de privilegios, dijo, su petición es que existan las condiciones necesarias para que el proceso avance y que quienes esperan justicia puedan conocer el resultado de un procedimiento llevado conforme a la ley.
La historia de Jacinto también modificó la relación de su hijo con el periodismo. Después del asesinato decidió alejarse parcialmente del gremio, aunque conserva contacto con algunos comunicadores y permanece atento a las condiciones en las que desarrollan su trabajo.
En su propia historia, la violencia contra un periodista significó mucho más que una noticia: significó perder a un padre y comenzar una larga espera. A cinco años del asesinato de Jacinto Romero Flores, su familia mantiene viva la memoria del comunicador y, sobre todo, una petición sencilla: que el proceso avance, que se respeten los derechos de todas las partes y que finalmente pueda conocerse el resultado de la justicia.
