AGENCIA
Ciudad de México.- Mientras el gobierno federal insiste en presentar a Petróleos Mexicanos (Pemex) como símbolo de soberanía energética y fortaleza nacional, el empresario Carlos Slim lanzó una advertencia que volvió a encender el debate sobre el verdadero estado de la petrolera: para el magnate, el mayor problema económico de México no es la calificación crediticia del país, sino el deterioro de Pemex.
Durante la conferencia anual de Grupo Carso y América Móvil, Slim señaló que la caída en la producción petrolera y la situación financiera de la empresa productiva del Estado representan uno de los principales obstáculos para el crecimiento económico nacional.
“Tenemos algunos problemas. Uno de ellos, quizá el más importante, es la gran baja de la producción petrolera y la situación de Pemex”, afirmó el empresario.
La declaración ocurre en medio de un panorama cada vez más complejo para la petrolera mexicana, cuya deuda ronda los 85 mil millones de dólares, mientras continúa dependiendo de rescates multimillonarios del gobierno federal para mantener operaciones, pagar proveedores y enfrentar vencimientos financieros.
El señalamiento de Slim golpea directamente uno de los discursos más defendidos por las últimas administraciones federales: la recuperación de la soberanía energética.
Sin embargo, la realidad financiera de Pemex continúa marcada por baja producción, refinerías poco rentables y una dependencia permanente del dinero público.
Slim recordó que durante los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón, Pemex llegó a producir más de 3.2 millones de barriles diarios. Actualmente, la producción apenas ronda los 1.6 millones, prácticamente la mitad.
Para el empresario, esta caída no solo afecta a la petrolera, sino a toda la economía mexicana, ya que reduce ingresos, limita capacidad de inversión y presiona las finanzas públicas.
“Hubiera sido impresionante que tuviera, por ejemplo, dos millones de barriles ahorita a 100 dólares”, comentó Slim al referirse al aumento internacional del petróleo derivado de tensiones geopolíticas y conflictos globales.
El empresario insistió en que Pemex debería enfocarse principalmente en producir petróleo y aprovechar mejor recursos estratégicos como el gas natural, en lugar de mantener proyectos costosos o financieramente cuestionables.
Las declaraciones también coinciden con advertencias recientes de agencias calificadoras internacionales.
S&P Global Ratings cambió recientemente a negativa la perspectiva crediticia de Pemex y de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), al considerar que ambas empresas representan una presión creciente para las finanzas del gobierno mexicano.
En el caso de Pemex, incluso calificó su estructura financiera como “insostenible”, debido a problemas de liquidez, deuda y dependencia del respaldo gubernamental.
Aunque Slim reconoció como positiva la meta de la presidenta Claudia Sheinbaum de estabilizar la producción en 1.8 millones de barriles diarios, también dejó claro que el problema no se resolverá únicamente con discursos políticos o subsidios permanentes.
El empresario adelantó que Grupo Carso participa actualmente en proyectos petroleros como Ixachi, donde se busca incrementar producción mediante nuevas perforaciones y aprovechamiento de gas natural.
No obstante, también criticó proyectos impulsados por Pemex como Lakach, desarrollo de gas en aguas profundas que calificó como “irracional” debido a sus elevados costos operativos frente a alternativas terrestres más rentables.
La advertencia de Slim refleja una preocupación que cada vez comparten más analistas financieros: Pemex continúa siendo una empresa estratégica para México, pero también una de las mayores cargas económicas para el Estado.
Mientras el gobierno destina miles de millones de pesos para sostener a la petrolera, la producción sigue lejos de sus mejores niveles y la deuda continúa creciendo.
El problema, según el empresario más poderoso del país, ya no es solamente financiero: Es estructural.
Y aunque el discurso oficial insiste en rescatar a Pemex, las cifras muestran que el verdadero reto sigue siendo convertirla nuevamente en una empresa rentable y productiva, no solo en un símbolo político sostenido con recursos públicos.
Pemex dejó de ser orgullo nacional para convertirse en un barril sin fondo que todos los mexicanos seguimos pagando con impuestos. El problema no es solo la deuda, sino que llevan años usando a Pemex como discurso político mientras la empresa se hunde cada vez más.
