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de la redacción
El Buen Tono

Ixtac.- La Barranca de San Miguel, una zona natural protegida, sigue siendo víctima de la tala ilegal de árboles, un crimen ambiental que parece no tener freno a pesar de las normativas que prohíben cualquier tipo de actividad que ponga en riesgo este ecosistema, grupos de taladores continúan devastando el área para establecer sembradíos de chayote, sin que las autoridades tomen medidas efectivas para detenerlos.
Lo más alarmante es que ni siquiera la policía local se atreve a actuar en contra de estos taladores, quienes operan con total impunidad, a pesar de las denuncias de los vecinos y ambientalistas, las autoridades han decidido mirar hacia otro lado, permitiendo que la destrucción avance.
Esta situación no sólo amenaza la biodiversidad de la barranca, sino que también pone en peligro la seguridad de la región, pues la zona es atravesada por ductos de Pemex, lo que hace que cualquier perforación o el uso de maquinaria a gasolina, como motosierras, sea extremadamente peligroso. La posibilidad de un accidente catastrófico es real, y sin embargo, los taladores continúan su labor destructiva, ignorando las prohibiciones y el riesgo que representan.
La corrupción por parte de las autoridades refleja una preocupante complicidad. La barranca de San Miguel debería ser un santuario de vida natural, pero en su lugar, se está convirtiendo en un campo abierto para la explotación y el abuso ambiental.
Las autoridades deben asumir su responsabilidad y actuar con firmeza contra los responsables de este crimen ambiental. La protección de nuestros recursos naturales no puede seguir siendo una prioridad secundaria, sacrificada por intereses particulares.

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