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AGENCIA

Oriente Medio.- El tránsito del superyate Nord a través del estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo, ha generado cuestionamientos sobre el control del paso, la aplicación de sanciones internacionales y las excepciones operativas en medio del conflicto entre Estados Unidos e Irán.

La embarcación, vinculada al multimillonario ruso Alexey Mordashov, logró atravesar esta vía pese a las severas restricciones impuestas por Teherán desde febrero, que han limitado el flujo de buques a niveles mínimos. El movimiento fue registrado por plataformas de monitoreo marítimo, que detallan que el yate partió de Dubái, cruzó el estrecho y arribó a Mascate, Omán, en un lapso de menos de 48 horas.

El paso del Nord resulta atípico en un contexto donde únicamente embarcaciones consideradas esenciales han logrado cruzar de forma regular. Antes de la escalada del conflicto, por el estrecho transitaba cerca de una quinta parte del petróleo mundial, con entre 125 y 140 barcos diarios, cifra que ha caído drásticamente en los últimos meses.

La embarcación, de 142 metros de eslora y valorada en más de 500 millones de dólares, cuenta con lujos como helipuerto, piscina y un submarino, lo que la posiciona entre las más grandes del mundo. Aunque Mordashov no figura oficialmente como propietario, registros corporativos la vinculan indirectamente con su entorno familiar.

Hasta ahora, ni autoridades iraníes ni representantes del empresario han explicado bajo qué condiciones se permitió el tránsito del yate. Este silencio ha alimentado especulaciones sobre posibles autorizaciones especiales, vacíos regulatorios o acuerdos no transparentes en una zona clave para el comercio energético global.

El estrecho de Ormuz mantiene un papel central en la geopolítica internacional. Irán ha reiterado que su control forma parte de una estrategia de presión frente a Estados Unidos y sus aliados, mientras Washington mantiene restricciones sobre puertos iraníes, elevando la tensión en la región.

En paralelo, el contexto diplomático se ha intensificado con movimientos entre Moscú y Teherán, lo que refuerza un eje estratégico que preocupa a Occidente. En este escenario, el paso del Nord no solo refleja un hecho aislado, sino que expone las grietas en la supervisión internacional en una de las rutas más sensibles del planeta.

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