

De la Redacción
El Buen Tono
Fortín.- La anarquía que impera en el tianguis y el desorden provocado por el comercio ambulante en Fortín no surgieron de la nada: son la herencia maldita que dejó la administración del exalcalde Rosales, cuyo gobierno toleró cobros irregulares y la expansión sin control de vendedores, mientras la población enfrenta saturación y deterioro urbano.
Durante ese periodo, el entonces coordinador de Comercio, Humberto Chacón, junto con el director de Desarrollo Económico, Ernesto Arteaga Quevedo, permitieron que los puestos semifijos se multiplicaran sin regulación efectiva. En lugar de aplicar lineamientos firmes o establecer criterios técnicos de operación, la permisividad institucional abrió la puerta para que los comerciantes ocuparan banquetas, calles y zonas restringidas sin consecuencia alguna.
A ello se sumó la actuación del exsecretario del Ayuntamiento, Osmar Eduardo Martínez, quien —junto con el Cabildo— nunca exigieron cuentas ni aplicaron correctivos. Bajo ese esquema se consolidó un sistema de “moches” por debajo del agua que, de acuerdo con señalamientos ciudadanos, operaba con pleno conocimiento de la autoridad municipal.
Actualmente, los habitantes de Fortín pagan las consecuencias: vialidades colapsadas, espacios públicos invadidos y competencia desleal para el comercio ya establecido.
Además, el delegado de Tránsito Estatal, Hugo Alberto Martínez, ha permitido que el bulevar sea utilizado como estacionamiento por ambulantes, lo que agrava la congestión y eleva el riesgo para peatones y automovilistas. El resultado es una ciudad rebasada por decisiones que nunca priorizaron el orden ni la legalidad.
