El presidente de Estados Unidos aseguró que mantiene conversaciones productivas con Teherán, en medio de las tensiones en Medio Oriente y la presión por el aumento en los precios de los combustibles.
De la redacción
El Buen Tono
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, descartó lanzar un ataque contra Irán antes de las elecciones intermedias de noviembre y aseguró que su gobierno mantiene conversaciones productivas con la República Islámica.
A través de su plataforma Truth Social, el mandatario republicano afirmó este jueves que no tiene previsto ordenar una ofensiva contra territorio iraní en los días previos a los comicios legislativos del próximo 3 de noviembre.
Trump sostuvo que existen avances en las conversaciones con Teherán, aunque no ofreció detalles sobre los temas abordados ni sobre los posibles acuerdos que podrían alcanzarse entre ambos gobiernos.
La declaración ocurre después de que el presidente iraní, Masud Pezeshkian, calificara el pasado 5 de octubre como inútiles las negociaciones con Washington, al acusar al gobierno estadounidense de realizar nuevos ataques después de los acercamientos diplomáticos.
De acuerdo con declaraciones difundidas por medios estatales iraníes, Pezeshkian afirmó que las acciones militares posteriores a las negociaciones ponen en duda la intención de Estados Unidos de resolver el conflicto mediante el diálogo.
Presión política por el costo de vida
El anuncio de Trump se produce en un contexto de tensión internacional y preocupación por el encarecimiento de los combustibles, relacionado con la ofensiva contra Irán iniciada el pasado 28 de febrero.
A la situación se suman los enfrentamientos en Yemen entre el gobierno respaldado por Arabia Saudita y los rebeldes hutíes, quienes mantienen vínculos con Irán, lo que contribuye a la inestabilidad en Medio Oriente.
En el ámbito interno, Trump enfrenta presiones por el aumento del costo de vida y los niveles de aprobación de su administración, factores que podrían influir en el resultado de las elecciones intermedias.
Los comicios del 3 de noviembre serán determinantes para el control del Congreso estadounidense. Una mayoría republicana permitiría al presidente contar con mayor respaldo legislativo para impulsar su agenda, mientras que un cambio en la correlación de fuerzas podría dificultar sus iniciativas durante el resto de su mandato.
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