

AGENCIA
Nacional.- Las uñas sanas suelen presentar un tono rosado translúcido. Cuando comienzan a tornarse amarillas, muchas personas lo consideran únicamente un asunto estético; sin embargo, en ciertos casos puede tratarse de una señal de advertencia sobre la salud.
Si bien las uñas pueden absorber pigmentos y sustancias del entorno -lo que modifica su tonalidad sin que exista necesariamente una infección- la Academia Americana de Dermatología advierte que los cambios en color, grosor o textura no deben ignorarse.
Entre las causas más frecuentes se encuentra el uso constante de esmaltes oscuros. Los pigmentos intensos pueden penetrar en la superficie porosa de la uña, especialmente si no se aplica una base protectora, dejando una coloración amarillenta temporal.
El tabaquismo también influye. La nicotina y el alquitrán del cigarro pueden manchar tanto las uñas como los dedos, generando un tono amarillento persistente.
En el ámbito médico, una de las causas más comunes es la onicomicosis, una infección por hongos. De acuerdo con la Clínica Mayo, esta afección puede provocar engrosamiento, fragilidad y decoloración amarilla o marrón, además de mal olor o incluso desprendimiento de la uña.
Existe también el llamado síndrome de la uña amarilla, una condición poco frecuente asociada con problemas respiratorios o linfáticos, caracterizada por uñas gruesas, crecimiento lento y tonalidad amarilla marcada.
Algunas enfermedades sistémicas como la diabetes, trastornos tiroideos o afecciones hepáticas pueden alterar la coloración de las uñas, generalmente acompañadas de otros síntomas. Asimismo, el uso excesivo de quitaesmaltes con acetona o endurecedores con componentes agresivos puede debilitar la uña y modificar su aspecto.
El tratamiento dependerá de la causa. En casos leves, se recomienda dejar descansar las uñas sin esmalte durante varias semanas para permitir su regeneración natural. Aplicar una base protectora antes del esmalte ayuda a prevenir manchas, mientras que la hidratación constante con aceites para cutículas o cremas fortalecedoras mejora la apariencia.
Evitar el consumo de tabaco también reduce la pigmentación en uñas y dedos. Si se presentan engrosamiento, dolor, desprendimiento o persistencia del color amarillo, es fundamental acudir a un dermatólogo, quien podrá indicar tratamiento antifúngico u otros estudios según sea necesario.
Especialistas señalan que las uñas pueden funcionar como un indicador temprano de ciertos problemas de salud. Por ello, si el cambio de color no mejora tras modificar hábitos o aparece junto con alteraciones en la forma, textura o crecimiento, se recomienda buscar evaluación profesional para descartar complicaciones.
