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AGENCIA

Campeche.- La gobernadora de Campeche, Layda Sansores San Román, volvió a colocarse en el centro de la polémica tras reprender públicamente a un grupo de estudiantes del Instituto Tecnológico de Campeche, a quienes llamó “cobardes” porque, según ella, conversaban mientras pronunciaba un discurso durante la celebración del 50 aniversario de la institución.

Molesta porque los jóvenes no guardaban silencio mientras ella hablaba, la mandataria les exigió que se disculparan y los retó a expresar frente a ella lo que supuestamente comentaban. “¿Acaso son cobardes? Porque yo no lo soy”, les reclamó desde el escenario.

El episodio exhibe una actitud poco compatible con el respeto que debería prevalecer entre una autoridad y los estudiantes. En lugar de mantener la serenidad ante una situación que pudo resolverse con una llamada de atención, Sansores optó por el regaño público y la descalificación, utilizando su posición de poder para confrontar a jóvenes en un acto institucional.

La gobernadora aprovechó además el momento para defender su administración y lanzar acusaciones contra Alejandro Moreno Cárdenas, dirigente nacional del PRI y exgobernador de Campeche. Aseguró que no ha robado recursos públicos, que no ha comprado terrenos y que vive bajo los principios de austeridad.

Sin embargo, el problema no radica únicamente en sus declaraciones políticas, sino en la forma en que decidió dirigirse a los estudiantes. La investidura de una gobernadora exige prudencia, tolerancia y capacidad para manejar las diferencias sin recurrir a la humillación pública.

La austeridad que una autoridad presume no se demuestra solamente hablando de dinero o comparándose con sus adversarios políticos. También se refleja en la conducta, el trato hacia los ciudadanos y la capacidad de entender que ocupar un cargo público no convierte a nadie en dueño de la palabra ni exige obediencia incondicional.

Los estudiantes merecen respeto, no descalificaciones. Y quienes gobiernan deberían recordar que el poder es una responsabilidad pública, no una licencia para exhibir su enojo cuando las cosas no ocurren como esperan.

Toda su vida ha vivido del erario, esa mujer tan deleznable, desde el padre en el PRI. Esas familias que no saben producir, pero que son expertas en robar, son un cáncer de este país.

¡Otra mujer que se cree dueña de México! Tienen que investigar a todos por enriquecimiento ilícito no solo por alianzas con el narco.

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