

AGENCIA
Nacional.- La confirmación de que el Ejército abatió a Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, detonó una jornada de violencia sin precedentes recientes en el país. Reacciones armadas de organizaciones criminales se registraron de manera casi simultánea en al menos 23 estados, provocando bloqueos carreteros, quema de vehículos, ataques a comercios, suspensión del transporte y un clima generalizado de miedo que paralizó amplias regiones.
Los primeros reportes comenzaron alrededor de las 09:00 horas, con bloqueos y quema de tráileres en Michoacán y Jalisco. Conforme avanzó el día, los hechos violentos se extendieron a Colima, Guanajuato, Aguascalientes, Oaxaca y Guerrero, donde además se reportaron incendios de comercios y sucursales bancarias. Horas después, la violencia alcanzó Tamaulipas, Baja California, Sonora, Zacatecas, Sinaloa, Hidalgo, Querétaro, Morelos, Puebla, Veracruz, Estado de México, Quintana Roo, Chiapas, Nayarit y Tabasco, con nuevos bloqueos e incendios de autos y negocios.
El impacto fue inmediato en la vida cotidiana. Actividades comerciales, deportivas, religiosas y recreativas quedaron suspendidas en varias entidades. Negocios bajaron cortinas, calles se vaciaron y miles de familias optaron por resguardarse en sus domicilios ante las recomendaciones oficiales de no salir y, en algunos casos, incluso guardar los vehículos.
En León, Guanajuato, el temor se extendió entre colonias populares. “Ya están cerrando todo, apenas iba a las tortillas”, comentó una vecina de la colonia Delta 2000. Su vecino respondió con resignación: “Dios nos proteja”. La Iglesia Católica exhortó a reforzar medidas de seguridad personal, evitar desplazamientos innecesarios y permanecer en casa; en León, las misas fueron suspendidas.
Escenas similares se repitieron en el Istmo de Tehuantepec. En Juchitán, Oaxaca, la ciudad quedó paralizada entre el humo de autobuses incendiados y el constante sobrevuelo de helicópteros. Comercios cerraron y el sonido de patrullas reforzó la sensación de miedo colectivo. Las tiendas de conveniencia también se convirtieron en objetivos: en Los Reyes La Paz, Estado de México, jóvenes arrojaron bombas molotov contra un establecimiento.
El transporte público fue otro de los sectores más afectados. En Baja California se suspendió el servicio en Ensenada, Tecate y Tijuana, además de la circulación de camiones de carga. La Cámara Nacional del Autotransporte de Carga pidió a los operadores priorizar su integridad física y resguardarse en zonas seguras o regresar a sus patios de operación. En Sinaloa se canceló la ruta Mazatlán-Acaponeta, mientras que en Querétaro, Hidalgo y Guanajuato se suspendieron corridas de autobuses. En Acapulco, algunas líneas dejaron de operar y el Acabús detuvo su servicio.
En al menos 13 estados se suspendieron clases, entre ellos Jalisco, Michoacán, Guanajuato, Hidalgo y Querétaro. Por la noche, el gabinete de seguridad federal informó de 252 bloqueos registrados en 20 entidades, de los cuales 23 permanecían activos hasta las 20:00 horas.
En la Zona Metropolitana de Guadalajara, el miedo se apoderó de las calles. Karla, vecina de Zapopan, salió temprano para practicar yoga cerca del centro de la ciudad. Al llegar, encontró comercios cerrando y personas retirándose apresuradamente. “Dicen que atraparon a El Mencho y quién sabe cómo se ponga”, fue la única explicación que recibió. Intentó regresar a casa por aplicación de transporte, pero no obtuvo respuesta; tampoco encontró taxis ni camiones. Ante la falta de opciones y el progresivo vaciamiento de las calles, decidió caminar hasta refugiarse con una amiga, en medio de un toque de queda que se impuso de forma espontánea entre la población.
Desde temprano, los teléfonos celulares replicaban reportes de autos incendiados, tiroteos e irrupciones armadas en mercados, tianguis y aeropuertos. A la información falsa se sumaron medidas oficiales que abonaron a la incertidumbre: suspensión total del transporte público, cancelación de eventos deportivos y culturales, y llamados a no salir de casa salvo por necesidad extrema. Las versiones sobre la causa de la violencia recordaron el 1 de mayo de 2015, cuando un intento de captura del mismo capo provocó una reacción similar del grupo criminal.
Cuando el gobierno federal confirmó que el narcotraficante había sido abatido, el impacto de la inseguridad, real y percibida, se profundizó. En barrios comerciales como Santa Teresita, en Guadalajara, los pocos negocios abiertos no se daban abasto ante compradores que buscaban productos básicos. “Es que ya todo está cerrado, y quién sabe cuánto dure esto”, comentó un hombre que hacía fila para adquirir alimentos y provisiones. Minutos después, los establecimientos también cerraron, más por temor que por una orden expresa.
El balance preliminar en Jalisco incluyó un presunto delincuente abatido mientras incendiaba un auto y 25 personas detenidas. En la Zona Metropolitana de Guadalajara se contabilizaron casi 100 puntos con bloqueos y más de una veintena de comercios dañados; en el resto del estado se reportaron hechos violentos en al menos 22 municipios.
Puerto Vallarta fue uno de los focos más críticos. Se registró un tiroteo en las inmediaciones del penal de Ixtapa y el incendio de varios comercios, entre ellos una tienda de Costco. Las autoridades pidieron a los hoteles que solicitaran a sus huéspedes no salir. En el aeropuerto, vuelos internacionales y la mayoría de los nacionales fueron suspendidos por decisión de las aerolíneas, mientras en redes sociales se llamó a un “toque de queda ciudadano” y el ayuntamiento suspendió la recolección de basura.
El Grupo Aeroportuario del Pacífico negó hechos violentos tras la difusión de un video y atribuyó lo ocurrido a una situación de “sicosis”. Aun así, aerolíneas estadounidenses y canadienses cancelaron conexiones con Puerto Vallarta, Guadalajara, Manzanillo y Mazatlán; algunos vuelos incluso tuvieron que regresar a su punto de origen.
Al caer la noche, Karla logró regresar a su casa con ayuda de su amiga. En el trayecto observó semáforos parpadeando, autos que no se detenían y calles casi desiertas. Al despedirse, ambas se enviaron un mensaje breve, reflejo del sentir generalizado: “Ya en casa, pero sí me dio miedo andar en la calle”.
