

Agencias
Ciudad de México.— La presidenta del Senado de la República, Laura Itzel Castillo, reconoció públicamente que ha utilizado los servicios del salón de belleza que operaba dentro de la Cámara Alta, un espacio que fue recientemente clausurado tras la polémica por el uso de recursos públicos para fines personales.
Entrevistada al término de la sesión legislativa, la senadora de Morena no solo confirmó que conocía la existencia de la estética, sino que admitió haber acudido a ella, justificando su funcionamiento como un “apoyo” para las y los legisladores. “Yo sí he acudido, el día de hoy verán que no”, dijo entre risas, evitando precisar cuánto costaban los servicios y quién los pagaba, una pregunta clave que decidió esquivar.
La existencia del salón de belleza generó indignación pública luego de revelarse que los cortes y tratamientos eran gratuitos para senadoras, es decir, financiados con dinero de los contribuyentes, mientras millones de mexicanos enfrentan carencias en servicios básicos. Pese a ello, Castillo defendió el espacio argumentando que los legisladores “deben estar bien presentados para las sesiones”, e incluso comparó el servicio con el hecho de que cualquier persona acude a la peluquería, omitiendo que la diferencia es que el ciudadano paga de su bolsillo y no con presupuesto público.
La senadora también justificó la estética señalando que muchas legisladoras viajan desde otros estados y tienen sesiones temprano, una explicación que no responde al fondo del problema: el uso de instalaciones oficiales y recursos del Senado para beneficios personales ajenos a la labor legislativa. Aunque el área fue sellada por personal de Resguardo Parlamentario, la propia presidenta había adelantado que el espacio podría seguir operando, evidenciando la normalización de privilegios dentro del Poder Legislativo.
El caso reaviva el debate sobre los excesos, la falta de austeridad real y la desconexión entre el discurso político y las prácticas cotidianas en el Congreso, donde mientras se exige sacrificio a la ciudadanía, los privilegios continúan detrás de puertas oficiales.
