DE LA REDACCIÓN
EL BUEN TONO
Córdoba.- Ningún diputado federal de Morena en Veracruz salió a defender públicamente a Zenyazen Escobar García tras el escándalo del yate incendiado.
La ausencia de apoyo dejó ver que, detrás de la imagen de fuerza que el morenismo intenta proyectar, existen fracturas y personajes que, cuando llegan los problemas, prefieren tomar distancia antes que hundirse junto al escándalo. Eso revela la debilidad actual de Zenyazen dentro de su propio grupo. Cuando un político tiene fuerza real, el partido sale a contener el daño. En este caso, nadie quiso involucrarse.
Ni comunicados, ni espaldarazos, ni mensajes de apoyo, ni el clásico “todo es guerra sucia”. Absolutamente ningún legislador quiso subir al barco literalmente.
La escena dejó en evidencia el verdadero peso político del exsecretario de Educación, quien durante años fue vendido como uno de los hombres fuertes del morenismo veracruzano, cercano al poder y operador de confianza.
Porque una cosa son los eventos, las fotos y los discursos de “compañerismo”, y otra muy distinta cargar con el costo político de un caso que mezcla lujo, presunto poder económico y contradicciones con la austeridad que tanto pregona la llamada Cuarta Transformación.
Por el contrario, y solo Zenyazen respondió en redes con fotos de su época como fisicoculturista y peleas con usuarios, una reacción más mediática que política.
Para Morena el problema ya no es solo el yate: es la imagen de contradicción, lujo y desconexión que el caso refuerza. Varios dentro del partido prefieren alejarse antes de que el escándalo siga creciendo y se convierta en símbolo de la nueva élite guinda.
