

AGENCIA
Internacional.- La ofensiva del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra el Gobierno de Nicolás Maduro sumó un nuevo episodio este fin de semana con la persecución de un buque petrolero que pretendía abastecerse de crudo venezolano. La embarcación, detectada en aguas internacionales frente a las costas de Venezuela, navegaba sin carga y sin bandera visible cuando fue avistada por autoridades estadounidenses.
De acuerdo con reportes citados por The New York Times, la Guardia Costera identificó que se trataba de un buque incluido en la lista de embarcaciones sancionadas por Washington por presuntos vínculos con el régimen iraní, por lo que solicitó una orden judicial para abordarlo. Sin embargo, el petrolero desoyó las instrucciones y continuó su trayecto rumbo al noroeste, alejándose del Caribe. Hasta la tarde del domingo, la Guardia Costera mantenía la persecución.
El buque, identificado como Bella 1, se dirigía a Venezuela para cargar crudo. Según documentos de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro, se trata de una embarcación construida en 2002, propiedad de la empresa Louis Marine Shipholding Enterprises y sancionada desde 2024 por sus presuntos vínculos con Irán y por participar en el transporte ilícito de petróleo para financiar actividades terroristas, incluyendo a los hutíes en Yemen.
Este incidente es el segundo registrado durante el fin de semana y el tercero en pocos días. El sábado por la mañana, la Guardia Costera interceptó otro petrolero, el Centuries, perteneciente a una empresa china. Aunque inicialmente se informó que no figuraba en la lista de sancionados, la Casa Blanca aseguró posteriormente que sí estaba sujeto a sanciones.
Estas acciones forman parte de una campaña iniciada el pasado 10 de diciembre, que tuvo como punto más visible la confiscación del petrolero Skipper frente a las costas venezolanas. Desde entonces, Washington ha endurecido su estrategia, lo que en la práctica ha derivado en un embargo de facto sobre el comercio energético de Caracas.
Trump anunció recientemente un “bloqueo total y completo” contra todos los petroleros sancionados que intenten entrar o salir de Venezuela, dejando claro que el petróleo venezolano es un eje central de su política de presión para forzar un cambio de régimen. Hasta ahora, la Casa Blanca había justificado el despliegue militar en el Caribe bajo el argumento del combate al narcotráfico, aunque la nueva ofensiva amplía abiertamente ese objetivo.
Muchos de los buques involucrados pertenecen a la llamada flota fantasma, utilizada por Venezuela -al igual que Rusia e Irán- para evadir las sanciones estadounidenses mediante embarcaciones obsoletas, notas banderas y rutas opacas. Pese a las amenazas de bloqueo, algunos petroleros han seguido zarpando desde puertos venezolanos, en ocasiones escoltados por unidades militares.
El Gobierno de Nicolás Maduro ha asegurado que mantendrá sus compromisos de exportar alrededor de 700 mil barriles diarios a China, su principal cliente. No obstante, agencias como Reuters reportan que las exportaciones de crudo venezolano han caído de forma drástica desde la incautación del Skipper, que transportaba cerca de 1.9 millones de barriles con falsa bandera guyanesa.
La escalada en el Caribe ya comienza a reflejarse en los mercados internacionales, con un alza en el precio del petróleo y el desvío de buques que tenían previsto operar en la región, en medio de un clima de creciente tensión geopolítica.
