

Alejandro Aguilar
El Buen Tono
Córdoba.- Lo que nació como un intento por despejar el centro histórico de vendedores ambulantes se ha convertido en un monumento al abandono institucional. El Mercado La Isla operó siempre como un paliativo, nunca como una solución de fondo. Hoy, 18 años después, las autoridades municipales pasan, una tras otra, sin voltear a verlo.
Los locatarios enfrentan condiciones deplorables. Los baños públicos, que generan una entrada económica diaria de cinco pesos por usuario, no reciben mantenimiento; los ingresos se van del inmueble sin que se reinvierta un solo peso. Locales completos permanecen abandonados, otros sucios, varios más son utilizados para fines distintos a los autorizados, incluyendo espacios que se ocupan fuera del perímetro original del mercado.
Y es que la falta de medidas de protección civil es evidente: no hay señalizaciones, las instalaciones eléctricas son precarias y, en temporada de lluvias, las goteras se repiten. Cada mes se suman más luminarias fundidas que esperan ser cambiadas.
SIN VOLUNTAD Y SIN ORGANIZACIÓN
El área de Comercio del Ayuntamiento, que encabeza José Francisco Campos Meza, admitió por escrito, mediante oficios JC/007, JC/009 y JC/010/2026, que no cuenta con el padrón de locatarios del mercado La Isla. Tampoco tiene registro de licencias vigentes, criterios de inclusión, reportes de inspección o expedientes de sanciones. La excusa es siempre la misma: la administración anterior no dejó archivos.
La gestión de Manuel Alonso Cerezo, que inició el 1 de enero de 2026, promete ser la continuidad del desinterés. En tanto, se anuncia con bombo y platillo el reordenamiento de comerciantes semifijos en otras zonas, sus propias dependencias operan en la más absoluta opacidad respecto a los mercados establecidos. No hay información, no hay control, no hay autoridad.
El olvido se ha disfrazado en apoyo a la Feria del Jiegueter, pero en otra sede. La autoridad municipal, en términos de orden, derechos y obligaciones, es inexistente. La tradición comercial de la Feria del Juguete, que durante años se realizó en sus inmediaciones, ha sido sistemáticamente obstaculizada. Desde hace más de tres años, los locatarios buscan sin éxito un espacio accesible para llevarla a cabo.
La única obra que reconocen los comerciantes en más de una década es una pavimentación parcial de diez a quince metros en el perímetro. Ni siquiera hay señalización que identifique el edificio como mercado desde el exterior, lo que ahuyenta a clientes potenciales.
