

EL BUEN TONO
Córdoba, Ver.- A dos meses de las promesas de Manuel Alonso Cerezo, el retiro de vehículos chatarra es una farsa que protege intereses particulares y normaliza el abandono de las calles.
El pasado 27 de febrero, el alcalde de Córdoba, Manuel Alonso Cerezo, anunció con bombo y platillo una “limpia” de las calles. El objetivo: los “autos maceta”, unidades que no solo obstruyen la vía pública, sino que se convierten en focos de infección y refugio para la delincuencia. Sin embargo, lo que se vendió como un eje central de seguridad ciudadana ha derivado en una burla institucional orquestada desde la Dirección de Tránsito, bajo el mando de la jefatura conocida como “El Gavilán”.
La realidad en las colonias contradice los oficios de transparencia. Documentos oficiales emitidos por la Unidad de Transparencia (UT/COR/1373/2026, UT/COR/1393/2026 y UT/COR/1396/2026) intentan justificar una operatividad que, en la práctica, es inexistente o selectiva.
La gestión de Tránsito, encabezada por “El Gavilán”, opera bajo una lógica de omisión pactada. Las denuncias ciudadanas se pierden en un laberinto burocrático de notificaciones que nunca llegan a la grúa. Las evidencias fotográficas obtenidas en diversas zonas de la ciudad muestran vehículos con meses de inmovilidad que carecen incluso de la calcomanía de advertencia mencionada por el alcalde.
Puntos Críticos de Omisión: El abandono es sistémico en colonias como Carriles, San Román, Miguel Alemán y la zona del Centro. En estas áreas, la autoridad ha permitido que los autos maceta se conviertan en parte del paisaje urbano, ignorando el plazo de tres días que el edil prometió cumplir con rigor.
Simulación en los Datos Oficiales
La Tesorería Municipal, a través del oficio TES/294/2026, reporta un costo de arrastre de $821.00 para Tránsito Municipal. No obstante, el flujo de trabajo es opaco. No existe claridad sobre el “predio específico” prometido para el depósito de estas unidades, lo que convierte la amenaza de remoción en un tigre de papel.
Complicidad de “El Gavilán”
La figura de la jefatura de Tránsito es clave en este esquema. El personal bajo su mando ignora sistemáticamente los reportes en zonas donde los propietarios de los vehículos parecen gozar de inmunidad. Esta complicidad no solo permite el desorden vial, sino que legitima la apropiación del espacio público por particulares, contraviniendo el artículo 224 del Reglamento de Tránsito, Movilidad y Seguridad Vial.
El “operativo” ha pasado de ser una acción de gobierno a una estrategia de relaciones públicas. La presencia de autos maceta en calles como la Avenida 1 y 3 en el Centro demuestra que ni siquiera el corazón de la ciudad está libre de esta negligencia.
