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De la Redacción
El Buen Tono

Córdoba.- A dos meses de las promesas de Manuel Alonso Cerezo, el retiro de vehículos chatarra es una farsa que protege intereses particulares y normaliza el abandono de las calles bajo el amparo de “El Gavilán”.
El pasado 27 de febrero, el alcalde de Córdoba, Manuel Alonso Cerezo, anunció con bombo y platillo una “limpia” de las calles. El objetivo: los “autos maceta”, unidades que no solo obstruyen la vía pública, sino que se convierten en focos de infección y refugio para la delincuencia. Sin embargo, lo que se vendió como un eje central de seguridad ciudadana ha derivado en una burla institucional orquestada desde la Dirección de Tránsito, bajo el mando del jefe de servicios David Flores Cervantes, alias “El Gavilán”.
Documentos emitidos por la Unidad de Transparencia (UT/COR/1373/2026, UT/COR/1393/2026 y UT/COR/1396/2026) intentan justificar una operatividad que, en la práctica, es inexistente o selectiva. La autoridad vial, lejos de aplicar la ley, parece administrar la permanencia de estas unidades, permitiendo que las banquetas de la ciudad sigan secuestradas por fierros viejos.
La gestión de Tránsito, operada en campo por David Flores Cervantes, funciona bajo una lógica de omisión pactada. Las denuncias ciudadanas se pierden en un laberinto burocrático de notificaciones que nunca llegan a la grúa. A pesar de que el alcalde prometió un plazo de tres días para el retiro, la jefatura de “El Gavilán” ha permitido que estos plazos se vuelvan eternos, encubriendo irregularidades que ya se han normalizado en la geografía urbana.
El problema no es una percepción; es una realidad física que la autoridad decide no ver. Puntos críticos en colonias como Carriles, San Román y Miguel Alemán presentan vehículos con años de inmovilidad. En el Centro, específicamente en la Calle 1 entre Avenidas 1 y 3, la simulación es total: unidades reportadas siguen ocupando espacios públicos sin que la grúa municipal, cuyo costo de arrastre es de $821.00 según el oficio TES/294/2026, haga acto de presencia.
En respuesta a la solicitud de información con folio 950546126000364, la Subdirección de Tránsito afirma haber identificado apenas 10 unidades totales en toda la ciudad. Esta cifra resulta ridícula y ofensiva para cualquier ciudadano. La discrepancia entre este “mapa de calor” oficial y la realidad de las calles sugiere una intención deliberada de minimizar el problema para evitar el trabajo de remoción o proteger a dueños vinculados con la corporación.
Incluso el fundamento legal citado en el oficio UT/COR/1053/2026 —el artículo 224, fracción II del Reglamento de Tránsito, Movilidad y Seguridad Vial— se ha convertido en letra muerta. La autoridad tiene la facultad para notificar, multar y retirar, pero bajo el mando de “El Gavilán”, estas facultades se usan de forma discrecional.
La figura de David Flores Cervantes es clave en este esquema de simulación. Como jefe, es el responsable directo de que las notificaciones se ejecuten. Su omisión no es solo negligencia, es complicidad que permite que los autos maceta sigan funcionando como guaridas.

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