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AGENCIA

Ciudad de México.- La desconfianza ciudadana hacia la clase política continúa profundizándose en México. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental elaborada por el Inegi, los partidos políticos se mantienen, por más de una década consecutiva, como la institución pública en la que menos confían los mexicanos.

El estudio refleja un desgaste persistente en la credibilidad de las organizaciones partidistas, señaladas constantemente por la ciudadanía por prácticas relacionadas con corrupción, simulación, privilegios y falta de resultados concretos para la población.

Detrás de los partidos políticos aparecen también el Congreso de la Unión, incluyendo tanto la Cámara de Diputados como la de Senadores, instituciones que igualmente arrastran bajos niveles de confianza pública debido al distanciamiento entre representantes y ciudadanos.

En tercer lugar de desconfianza se encuentran las Fiscalías y Procuradurías, particularmente los agentes del Ministerio Público, señalados frecuentemente por lentitud, impunidad y deficiencias en la procuración de justicia.

La encuesta también evidencia el deterioro de la imagen sindical en el país. Entre 2023 y 2025, la percepción de confianza en los sindicatos cayó de 38.5 a 34.2 por ciento (%), reflejando el creciente desencanto hacia organizaciones que durante años han sido acusadas de operar bajo estructuras poco democráticas y alejadas de los intereses reales de los trabajadores.

Incluso, opiniones recabadas en el estudio advierten sobre el surgimiento de nuevos sindicatos cercanos al oficialismo, utilizados presuntamente para simular contratos colectivos y mantener control político dentro de distintos sectores laborales.

Mientras las instituciones políticas y gremiales enfrentan una crisis de credibilidad, la ciudadanía continúa depositando su confianza en espacios más cercanos y cotidianos como la familia, las universidades públicas y las escuelas de educación básica.

En Veracruz, la percepción ciudadana sobre las instituciones también refleja preocupación. Apenas el 10.8% de la población afirmó confiar en la calidad del agua para evitar enfermedades, otro indicador del deterioro en la confianza hacia servicios públicos y autoridades encargadas de garantizar condiciones básicas para la población.

Los resultados del Inegi exponen un panorama donde la distancia entre ciudadanía e instituciones continúa ampliándose, alimentada por escándalos, promesas incumplidas y una percepción creciente de que los intereses políticos siguen por encima de las necesidades sociales.

No sorprende que los partidos políticos sean los menos confiables. Cada elección prometen cambios y al final terminan beneficiándose entre ellos mientras la ciudadanía sigue enfrentando inseguridad, corrupción y servicios deficientes.

Los sindicatos y políticos perdieron credibilidad hace años porque muchos dejaron de defender a la gente y se convirtieron en estructuras de control. El problema es que las instituciones siguen más preocupadas por cuidar intereses y poder que por resolver las necesidades reales del país.

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