Sandra González
El Buen Tono
Orizaba.- El dirigente del Comité Regional Campesino (CRC), Juan Artemio Rodríguez Maceda, advirtió que el sector ganadero y agrícola atraviesa una situación cada vez más complicada debido al incremento en los costos de producción, la escasez de forrajes y la creciente dependencia de México de las importaciones de maíz, factores que impactan directamente en la economía rural.
“Con el poco sector ganadero que tenemos, los forrajes disminuyen; es difícil encontrarlos y si los encontramos, a veces están más caros. Una paca de rastrojo, que es lo más barato, la llegamos a encontrar hasta en 140 pesos, cuando antes la encontrábamos en 80 pesos; es decir, alrededor de un 40 por ciento más cara”, señaló.
Rodríguez Maceda señaló que el sector pecuario es de los más golpeados por el alza de costos, mientras que en la agricultura la preocupación recae en los granos básicos, especialmente maíz y trigo.
“Estamos platicando con nuestros compañeros que el sector ganadero es el más afectado. En el sector agrícola tenemos el problema ya encima; encima del maíz y del trigo se acaba de comprar 600 mil toneladas más del extranjero. Nosotros producimos 27 millones de toneladas y consumimos 48 millones; 10 millones son para Estados Unidos y Brasil, que son nuestros principales proveedores”, indicó.
La preocupación campesina se da en un contexto nacional adverso: en 2026 la agricultura mostró debilitamiento estructural y menor peso en la economía. Con un PIB apenas en 1.8 % y una inflación cercana al 3.9 %, los productores rurales enfrentan costos crecientes y márgenes cada vez más reducidos.
Entre los factores que golpean al campo destacan el encarecimiento de insumos, la sequía en estados productores del norte y la caída de la producción nacional de maíz, que en la última década se redujo 4 %. A ello se suma la dependencia creciente de importaciones: entre enero y agosto de 2025 ingresaron 16.8 millones de toneladas de maíz, principalmente de EE. UU., cubriendo ya cerca de la mitad de la demanda nacional, un nivel que especialistas consideran riesgoso para la seguridad alimentaria.
La situación es crítica: la FAO recomienda que la dependencia de importaciones no supere el 30 % del consumo interno, pero México ya ronda el 50 %. Para los productores de las Altas Montañas, esto significa incertidumbre: los costos de alimentación del ganado y la presión sobre los precios de los granos reducen la rentabilidad de una actividad que históricamente ha sostenido a miles de familias rurales en Veracruz.
