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De la redacción
El Buen Tono

La secretaria de Agricultura de Estados Unidos, Brooke Rollins, rechazó que los recortes aplicados por el gobierno estadounidense a programas de ayuda internacional hayan influido en la reaparición del gusano barrenador, una plaga que había sido erradicada del país desde la década de 1960 y que recientemente fue detectada nuevamente en Texas.

Durante una visita a La Pryor, Texas, la funcionaria aseguró que la eliminación de fondos destinados a programas de vigilancia en Centroamérica no tuvo relación con el regreso de la plaga. Además, destacó que el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) ha incrementado significativamente el personal y los recursos destinados a combatir esta amenaza sanitaria.

Rollins afirmó que al inicio de la actual estrategia apenas existían diez empleados de tiempo completo enfocados en el control del gusano barrenador, mientras que actualmente más de 120 trabajadores participan en las labores de vigilancia y contención, lo que representa un aumento de mil por ciento en los recursos humanos dedicados al problema.

Las declaraciones surgen en respuesta a cuestionamientos realizados por autoridades estatales de Texas y representantes de la industria ganadera, quienes han señalado posibles deficiencias en los sistemas de vigilancia previos a la detección de la plaga.

De acuerdo con información difundida por medios especializados, entre los programas eliminados por USAID figuraba una iniciativa orientada a prevenir la propagación del gusano barrenador a través de la frontera entre Estados Unidos y México.

Hasta el momento, las autoridades han confirmado al menos siete casos de infección en Texas y Nuevo México. La situación ha encendido las alertas debido a que esta plaga afecta al ganado y a otros mamíferos, depositando larvas en heridas abiertas donde se alimentan de tejido vivo.

El gusano barrenador fue eliminado de territorio estadounidense gracias a campañas de control biológico implementadas hace más de medio siglo. Sin embargo, su reaparición preocupa especialmente a Texas, estado que posee el mayor inventario ganadero del país y que desempeña un papel fundamental en la producción nacional de carne de res.

Especialistas advierten que un brote de gran escala podría provocar pérdidas económicas multimillonarias para el sector pecuario y generar nuevas presiones sobre los precios de la carne, que ya enfrentan aumentos derivados de sequías, mayores costos de producción y restricciones comerciales relacionadas con el ganado procedente de México.

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