De la Redacción
El Buen Tono
Córdoba, Ver.- La ejecución registrada la noche del viernes en una tienda de conveniencia ubicada a escasos metros del Centro de Control, Comando, Comunicaciones y Cómputo (C3) volvió a poner en evidencia la crisis de seguridad que enfrenta Córdoba y la incapacidad de las autoridades para garantizar la tranquilidad de la población.
El crimen ocurrió alrededor de las 20:00 horas, en una zona considerada de alta vigilancia debido a la presencia de cámaras y de las instalaciones desde donde se monitorea gran parte de la ciudad. Sin embargo, ni la cercanía del C3 ni la supuesta estrategia de seguridad impidieron que se consumara el homicidio.

Para habitantes del centro de la ciudad, el hecho resulta alarmante porque demuestra que la violencia ya no distingue zonas ni horarios. Lo que antes se consideraba un área relativamente segura hoy se ha convertido en escenario de hechos delictivos que generan miedo e incertidumbre entre comerciantes, trabajadores y familias.
Este caso se suma al ataque armado ocurrido meses atrás en un conocido centro nocturno de la ciudad, donde un joven resultó herido por disparos. Ambos hechos ocurrieron en horarios en los que todavía existe importante actividad comercial y presencia de ciudadanos en la vía pública.
La situación también ha provocado cuestionamientos hacia el desempeño del director de Seguridad y Protección Ciudadana, Luis Ángel Vargas Miranda, cuya estrategia en materia de prevención del delito comienza a ser puesta en duda por diversos sectores de la población.
Vecinos de la zona señalaron que resulta incomprensible que un asesinato pueda perpetrarse prácticamente frente a las instalaciones encargadas de coordinar la vigilancia de la ciudad sin que existiera una respuesta capaz de evitarlo.
Porque una cosa es presumir cámaras, patrullajes y tecnología, y otra muy distinta es garantizar resultados cuando la violencia ocurre frente a las propias narices de quienes dicen proteger a los cordobeses.
Mientras las autoridades continúan hablando de operativos y coordinación, los ciudadanos siguen enfrentando una realidad marcada por el miedo, la incertidumbre y la sensación de que la delincuencia opera con mayor libertad que quienes deberían combatirla.
