Sandra González
El Buen Tono
Orizaba.- La salida del inspector Jesús Ignacio Villalobos Santos de la Policía Municipal de Orizaba no sólo representa un cambio de mando. En los hechos, constituye una admisión de que la estrategia de seguridad impulsada durante los primeros seis meses del gobierno de Hugo Chahín Kuri no entregó los resultados prometidos a la población.
Cuando una estrategia funciona, se fortalece; cuando el responsable de ejecutarla abandona el cargo en medio de cuestionamientos, el mensaje es distinto. La salida del mando enviado por la Secretaría de Marina ocurre en un contexto marcado por denuncias ciudadanas por robos de vehículos, asaltos, atracos a comercios y hurtos a casa habitación, delitos que han deteriorado la percepción de seguridad en la ciudad.
Más allá del relevo administrativo, el cambio deja al descubierto que la apuesta en materia de seguridad no logró contener la creciente inconformidad social. La administración municipal vendió la continuidad de la tranquilidad como una de sus principales fortalezas, pero a medio año de haber iniciado el gobierno, el primer responsable de la seguridad deja el puesto sin que exista una explicación pública sobre los resultados obtenidos.
La situación resulta todavía más delicada porque Villalobos Santos se marcha sin rendir cuentas a la ciudadanía. No hubo un informe público sobre detenciones relevantes, disminución de delitos, operativos exitosos o metas alcanzadas. Tampoco se dieron a conocer las razones oficiales de su salida, dejando más dudas que certezas sobre el verdadero balance de su gestión.
Para diversos sectores, el relevo equivale a reconocer que la estrategia no funcionó como se esperaba; de otro modo, difícilmente se justificaría sustituir al principal responsable apenas seis meses después de asumir el cargo.
La responsabilidad no recae solo en el mando saliente: el alcalde Hugo Chahín Kuri enfrenta cuestionamientos de una ciudadanía que exige respuestas sobre una política de seguridad presentada como garantía de estabilidad y que hoy registra su primer cambio importante sin explicaciones claras.
La Secretaría de Marina deberá designar a un nuevo director de la Policía Municipal, pero el relevo no resolverá el problema de fondo. La exigencia ciudadana sigue siendo conocer qué falló, quién asume la responsabilidad y qué acciones se tomarán para revertir una estrategia que, con la salida de su principal operador, parece reconocer su propio fracaso.
