De la Redacción
El Buen Tono
Córdoba.- En un acumulado de incidentes que reconoce la autoridad municipal, el Mercado Revolución opera en la anarquía y sin control oficial; pero la regidora tercera, responsable de la comisión de Comercio, Centrales de Abasto, Mercados y Rastros, justifica su falta de resultados mediante oficios que declaran la inexistencia de evidencia sobre su trabajo de campo.
Glorisel Ixmatlahua Rodríguez, conocida “regidora de la tómbola” debido a su acceso al cargo mediante procesos internos de su partido que le permitieron saltar a la administración pública sin una trayectoria probada en el servicio municipal, encabeza una comisión clave que carece de resultados tangibles.
La Jefatura de Comercio admite que apenas cuenta con un 30 % de avance en la creación de un padrón de locatarios, lo que significa que el 70 % de las actividades comerciales se realizan sin un control oficial, fundamento legal claro o certeza fiscal.
Esta irregularidad se traduce en riesgos constantes: el mercado ha registrado cortocircuitos en medidores, problemas graves de drenaje y riñas violentas entre carniceros en las áreas de descarga.
La respuesta de Ixmatlahua Rodríguez ante estos incidentes es evasiva. En sus informes, la edil presume “vigilancia directa y técnica” y coordinación “estrecha” con la Jefatura de Comercio.
No obstante, al solicitarle pruebas, actas de comisión, minutas de reuniones, bitácoras fotográficas o dictámenes, la regidora admite formalmente que tales documentos no existen en sus archivos.
Se escuda en la Ley de Transparencia para argumentar que no está obligada a generar documentos “a la medida”, dejando claro que su supervisión no es más que una narrativa desde un escritorio.
En lugar de ejercer su facultad de fiscalización y propuesta de soluciones, Ixmatlahua Rodríguez deriva sistemáticamente cualquier responsabilidad financiera o administrativa hacia la Tesorería, la Sindicatura o Recursos Humanos.
La regidora cobra un sueldo para vigilar el ramo encomendado, pero la realidad del Mercado Revolución exhibe a una funcionaria que prefiere la simulación administrativa sobre la resolución de conflictos, dejando a los comerciantes y consumidores a su suerte, en un edificio que se desmorona entre la falta de agua y la violencia que se ha generado.
