Sandra González
El Buen Tono
Zongolica.- El brutal ataque contra un perro a manos de un menor de edad en San Sebastián, generó preocupación entre defensores de los animales y reabrió el debate sobre la violencia hacia los seres vivos.
El hecho plantea una realidad incómoda, que este tipo de conductas surge con antelación, y, en muchos casos, encuentra condiciones propicias en la falta de límites, valores y supervisión dentro del entorno familiar.
Luego de que trascendió el caso del can al que un adolescente que macheteó, y después respondió que lo hizo “porque quise”, el vocero de la Diócesis de Orizaba, Helkyn Enríquez Báez, consideró que este tipo de situaciones reflejan una descomposición social.
Manifestó que es imposible que los padres sigan delegando la formación de sus hijos a las escuelas o a otras instituciones, pues la educación en el respeto a la vida comienza en casa y con el núcleo más inmediato.
“Los lamentables acontecimientos reflejan la desintegración del tejido social, la falta de valores y de educación”, expresó.
Dijo que los papás deben asumir su responsabilidad y enseñar el respeto hacia los seres vivos, a las personas y a todo lo que nos rodea.
Agregó que educar consiste en proveer alimento y estudios, pero también en moldear conductas que permitan formar ciudadanos responsables y empáticos.
Riesgos
Para organizaciones animalistas, el caso resulta especialmente preocupante porque involucra a un menor de edad y exhibe la normalización de la violencia contra los animales.
Advirtieron que cuando una agresión de esta naturaleza se queda sin consecuencias claras ni correctivos oportunos, el mensaje que recibe la sociedad es que la crueldad puede quedar impune.
Además, el caso reabre el debate sobre la efectividad de las leyes de protección animal que existen.
Aunque en Veracruz hay disposiciones para sancionar el maltrato, activistas denunciaron reiteradamente que la aplicación de la norma suele ser limitada, tardía o inexistente.
Mientras tanto, aseveraron que la protección de los animales no depende únicamente de castigos legales, sino de una formación familiar que enseñe desde la infancia que ninguna vida merece ser lastimada por diversión, indiferencia o capricho.
Como se recordará un menor atacó con un machete a una mascota en San Sebastián, y sólo cubrirá los gastos del veterinario, pero salió impune de delito.
