AGENCIA
Nacional.- La automatización ya no es un escenario del futuro. En México comenzó a transformar el mercado laboral de las maquiladoras, donde miles de trabajadores han perdido su empleo mientras las empresas sustituyen líneas de producción operadas por personas por procesos robotizados y sistemas automatizados.
Aunque el avance tecnológico promete mayor productividad y competitividad, también está dejando una factura social: más de 100 mil empleos se han perdido en apenas dos años dentro del programa de la Industria Manufacturera, Maquiladora y de Servicios de Exportación (Immex), de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
Menos trabajadores, más máquinas
En mayo de 2026, las empresas Immex empleaban a 3.19 millones de personas entre obreros, técnicos y personal administrativo, cifra que representa una disminución de aproximadamente 100 mil puestos de trabajo respecto a 2024.
La tendencia comenzó a finales de 2023 y desde entonces se ha mantenido, especialmente en las maquiladoras instaladas en la frontera norte del país, donde los costos laborales han aumentado de manera importante.
Especialistas coinciden en que el principal motor de esta transformación es la automatización industrial.
Actualmente existen plantas donde los procesos de inyección de plásticos, fabricación de componentes electrónicos y dispositivos médicos funcionan casi por completo mediante robots, reduciendo significativamente la necesidad de mano de obra.
Incluso, la incorporación de robots humanoides en algunas líneas de producción comienza a convertirse en una realidad para diversas industrias.
La frontera pierde competitividad
El impacto se concentra principalmente en los estados fronterizos, históricamente considerados el corazón de la industria maquiladora.
El incremento del salario mínimo en esa región, donde las remuneraciones son alrededor de 40 por ciento superiores al resto del país, además del aumento en los días de vacaciones y otros costos laborales, modificó los planes de inversión de numerosas empresas.
Expertos señalan que muchas compañías concluyeron que producir en la frontera norte dejó de ser rentable.
Algunas optaron por automatizar sus procesos para reducir gastos, mientras otras trasladaron parte de sus operaciones hacia Centroamérica o incluso a estados del sur de Estados Unidos, donde encontraron incentivos fiscales y menores costos operativos.
Los aranceles complican el panorama
A la automatización se suma un contexto internacional complejo.
Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, la política arancelaria impulsada por el presidente Donald Trump y la incertidumbre sobre el futuro del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) han reducido la competitividad de diversas exportaciones mexicanas.
Las empresas exportadoras enfrentan mayores costos para colocar sus productos en el mercado estadounidense, lo que ha limitado nuevas inversiones y provocado ajustes en sus plantillas laborales.
La burocracia también pesa
Representantes del sector industrial advierten que la pérdida de empleos no responde únicamente a factores tecnológicos.
La creciente carga administrativa y la lentitud en los trámites gubernamentales también han desalentado inversiones.
Mientras anteriormente obtener una certificación Immex requería alrededor de tres meses, actualmente el proceso puede extenderse hasta nueve meses o más, retrasando proyectos de expansión y apertura de nuevas plantas.
Empresarios también han solicitado mayor certeza jurídica, reglas fiscales claras y procesos de auditoría más transparentes para recuperar la confianza de inversionistas nacionales y extranjeros.
El costo humano de la automatización
Para miles de trabajadores, la modernización industrial significa desempleo.
Las tareas repetitivas y manuales son las primeras en desaparecer conforme los robots asumen funciones con mayor rapidez, precisión y menores costos de operación.
Aunque la automatización genera nuevas oportunidades para ingenieros, programadores y especialistas en mantenimiento de sistemas automatizados, la demanda de estos perfiles es considerablemente menor que el número de empleos tradicionales que desaparecen.
Además, gran parte de los trabajadores desplazados carece de capacitación para incorporarse a los nuevos puestos tecnológicos.
Un desafío para México
La transformación tecnológica parece irreversible.
Especialistas consideran que, aun si disminuyen las tensiones comerciales o se fortalecen los acuerdos del T-MEC, las empresas continuarán automatizando sus procesos para mantener su competitividad internacional.
El reto para México será evitar que esta transición profundice el desempleo y la desigualdad laboral.
Invertir en capacitación tecnológica, fortalecer la educación técnica y generar políticas públicas que faciliten la reconversión laboral serán factores determinantes para enfrentar una nueva realidad donde las máquinas ya no sólo ayudan a producir, sino que comienzan a reemplazar a quienes durante décadas fueron la base de la industria manufacturera del país.
