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AGENCIA

México continúa consolidándose como uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo. En lo que va de 2026, al menos seis comunicadores han sido asesinados en distintos estados del país, pero Veracruz vuelve a ocupar el centro de la tragedia al concentrar la mayor cantidad de estos crímenes.

Detrás de cada asesinato hay una familia rota, una comunidad que pierde una voz crítica y un nuevo golpe a la libertad de expresión. Aunque las autoridades prometen investigaciones y justicia tras cada ataque, la violencia contra la prensa sigue sin detenerse.

Veracruz, nuevamente en la lista negra

De los homicidios registrados este año, tres ocurrieron en Veracruz, una entidad que desde hace más de una década figura entre las más peligrosas para periodistas.

El primer caso fue el de Carlos Castro, asesinado el 8 de enero en Poza Rica mientras se encontraba en el negocio familiar. El comunicador había trabajado en diversos medios regionales y colaboraba con el portal Enfoque. Uno de los aspectos que más indignó al gremio fue que contaba con medidas de protección que le fueron retiradas en 2024.

Meses después, el estado volvió a estremecerse con el asesinato de Luis Ángel López Valdez, colaborador de Vanguardia Veracruz, quien fue atacado a balazos durante la madrugada del 11 de junio en Poza Rica.

Apenas unas semanas más tarde, la Fiscalía de Veracruz confirmó el hallazgo sin vida de la periodista Roxana Guzmán Ramírez, víctima de secuestro y asesinato. El caso reveló presuntos vínculos entre integrantes del grupo criminal Grupo Sombra y cuatro policías municipales de Ixhuatlán del Sureste, quienes fueron detenidos por su probable participación en el crimen.

Los casos reflejan un patrón preocupante: periodistas asesinados en municipios donde la presencia del crimen organizado y las denuncias de corrupción mantienen un ambiente de alto riesgo para quienes informan.

La violencia se extiende

La crisis no se limita a Veracruz. En Guerrero fue localizado sin vida el periodista y activista Manuel Alejandro Moreno Serna, conocido como Alex Serna, quien había desaparecido dos días antes. Su cuerpo fue encontrado con huellas de tortura.

En Puebla, Josué Martínez Contreras, director del medio Noticias de San Martín Texmelucan, fue asesinado frente a su hijo de apenas 13 años, quien realizó la llamada de auxilio al número de emergencias tras presenciar el ataque.

El caso más reciente ocurrió en Oaxaca, donde el periodista Francisco Alejandro Leyva Aguilar fue asesinado el 22 de julio en San Pablo Etla. Las autoridades mantienen abierta la investigación y analizan imágenes de videovigilancia para identificar a los responsables.

Protección insuficiente

Cada asesinato revive las mismas preguntas: ¿por qué siguen matando periodistas?, ¿por qué los mecanismos de protección no logran evitar estos ataques?, ¿por qué la impunidad continúa siendo la constante?

El caso de Carlos Castro expuso nuevamente las debilidades institucionales, al revelarse que las medidas de protección que alguna vez tuvo fueron retiradas antes de su asesinato. Para organizaciones defensoras de la libertad de prensa, este tipo de decisiones evidencian la falta de seguimiento a periodistas en situación de riesgo.

A ello se suma la lenta resolución de la mayoría de los homicidios contra comunicadores ocurridos en años anteriores, lo que fortalece un ambiente de impunidad que, según especialistas, incentiva nuevos ataques.

Una deuda pendiente

Reporteros Sin Fronteras documenta que, en lo que va del siglo XXI, más de 150 periodistas han sido asesinados y otros 28 permanecen desaparecidos en México, cifras que colocan al país entre los más peligrosos del mundo para ejercer esta profesión.

Más allá de las estadísticas, cada crimen representa una agresión directa contra el derecho de la sociedad a estar informada. Cuando un periodista es silenciado por la violencia, también se limita el acceso de los ciudadanos a conocer hechos de interés público.

Mientras las investigaciones avanzan con distintos niveles de éxito, la realidad permanece inalterable: en 2026 el periodismo mexicano continúa ejerciéndose bajo amenaza, y Veracruz vuelve a encabezar una lista que ningún estado debería ocupar.

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