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De la Redacción

El Buen Tono

ORIZABA.- Aunque en los últimos años se han impulsado políticas para fomentar la inclusión laboral, la realidad sigue siendo desalentadora: el 98 por ciento de las personas con alguna discapacidad permanece sin un empleo formal, una situación que, además de la falta de apertura de algunas empresas, está relacionada con la sobreprotección familiar y la ausencia de formación para la vida laboral.

Así lo señaló Eder Alfonso Rocha Porras, Intérprete en Lengua de Señas Mexicana, quien lamentó que miles de personas con discapacidad continúen excluidas del mercado laboral, pese a que existen cada vez más empresarios interesados en brindarles una oportunidad.

Uno de los principales obstáculos no es la discapacidad en sí, sino las conductas que algunas personas desarrollan como consecuencia de una crianza protectora, donde nunca se les enseñó a asumir responsabilidades o límites y, acusan habitantes, las autoridades municipales tampoco han puesto de su parte para apoyar a este sector, Hugo Chahín no hace inclusión laboral y permite la informalidad laboral.

Asimismo, Rocha Porras dijo que, cuando un empresario contrata a una persona con discapacidad y enfrenta problemas como impuntualidad, falta de higiene, agresiones a compañeros, acoso o conductas inapropiadas en el trabajo, la experiencia termina siendo negativa y desincentiva futuras contrataciones.

Sostuvo que con frecuencia las familias justifican ese comportamiento aun cuando se trata de adultos. Sin embargo, enfatizó que una persona con discapacidad debe ser vista como un ciudadano con derechos, y también todas sus obligaciones.

Añadió que es indispensable trabajar en la psicoeducación de las familias para fortalecer la autonomía de sus hijos, enseñarles hábitos de higiene, puntualidad, respeto a las normas de convivencia y límites en la interacción con otras personas.

“Tenemos que dejar de ver la discapacidad desde la sobreprotección y empezar a verla desde la dignidad. No es un niño; es una persona que puede desarrollarse, trabajar y asumir responsabilidades”, expuso.

Asimismo, subrayó que ninguna discapacidad exime del cumplimiento de las reglas laborales. Llegar tarde representa un retardo para cualquier trabajador, al igual que una pelea o una conducta violenta puede derivar en la rescisión del contrato, independientemente de la condición humana.

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